sábado, 12 de enero de 2008
DE NUEVO: FELICITY FEY
UN CUENTO "CHAQUETERO"
A veces me gusta jalármela después de comer, con el estómago lleno el amor solitario no es tan patético, quizá porque no siento el mismo cansancio que en ayunas y una vez satisfecha la necesidad del alimento las otras necesidades pasan a segundos términos.
Aquel lunes Oliver salió a comprar un apagador nuevo para la cocina y yo me quedé en casa, ansioso porque se marchara, para ver una nueva película porno que compré en el mercado y que prometía además de buenas chavas, un desfile de aberraciones exquisitas, entre las más emocionantes: hacer brotar leche materna a una embarazada, diez minutos de nalgadas a una adolescente tailandesa y así.
Me gusta estar desnudo desde que empieza la película, no regreso ni adelanto escenas, disfruto ver todos los movimientos y escuchar los ricos insultos que se dicen en las escenas. Me excita cuando los hombres dicen: te gusta como te cojo con mi gran verga, y cuando ellas dicen: vamos papi dame toda tu leche.
Había comenzado a estirar, sólo movimientos lentos. Estaba preparado para hacerlo más rápido y al final de la primer toma, (una panocha peludisíma de una mujer de raza negra), timbró el maldito teléfono. Fui a contestar. Pude no hacerlo pero en una ocasión gané cien mil kilos de chocolate con almendras en un sorteo y no lo pude recoger porque no contesté el teléfono cuando me marcaron, entonces contesto siempre, aunque sea una tontería.
Esa ocasión la que llamó fue mi cuñada Silvia.
—¿Si?
—¿Óscar?
—Sí.
—Hola, soy Silvia… ¿estás ocupado?
Tenía el pantalón en los tobillos, el calzón en las rodillas y con la mano izquierda jugueteaba con el pito.
—No… ¿qué sabes sobre pingüinos?
—¿Eh?... oye… sólo hablo para saber cómo está Mario.
—Ah, está bien, algo triste como siempre, no es la primera vez que lo corres de la casa, así que ya sabes lo que hace, viene aquí, llora, bebemos, llora más y se va, luego telefonea a tu casa y pide disculpas,¿aún no ha llamado?, ¿qué sabes sobre pingüinos?
—Viven en el frío, son como aves… ¿por qué?, ¿qué tienen que ver los pingüinos con Mario? Oye pues no ha llamado, creí que aún estaba contigo. Nunca tarda más de un día sin llegar. Ya sabes, nuestras peleas no son tan fuertes pero el es muy sensible.
—Bueno seguramente está con su hermana, quizá esta pelea es la más fuerte de todas. ¿En donde me dijiste que viven los pingüinos?
—En el Polo norte, creo ¿es una tarea que te dejaron en la escuela?
—No, sólo que estoy viendo una película donde salen esos animales y quise saber algo sobre ellos. Mario dijo que está vez no lo perdonarías, ¿es verdad?
—Claro que no, estaba enojada, pero ya entendí que si a él le gustan los pericos como mascotas, no es nada malo, a mi me gustan los gatos, podemos convivir todos ¿no lo crees?
—Sí… llama a casa de su hermana, ¿tienes el teléfono?
—Ajá, lo tengo aquí, ahora mismo le llamo ¿qué película ves?
—Es… no recuerdo el nombre, está en la tele.
—Bueno cuídate mucho, gracias… adiós
—Adiós Silvia.

La actuación de la embarazada fue buena, salieron chorros espesos de su leche maternal y los dos tipos que estaban con ella en el establo eyacularon de manera espectacular sobre su rostro. Los pingüinos estaban tatuados en las caderas de la mujer, se veían tan sensuales. Mi erección había bajado, la platica con Silvia no fue muy motivante.
Seguí en lo mió. El timbre otra vez, en está ocasión dude en contestar, pero por fin descolgué.
—Hola.
—Hola, ¿Óscar?, soy Cinthia, la hermana de Mario.
—Ah sí, cómo estás, qué pasa.
—Bien… oye has visto a mi hermano.
—Vino ayer, se quedó unas horas, pensé que estaría en tu casa, ¿no supiste que se pelearon otra vez?
—No, no ha venido desde la otra semana, supe que Silvia lo volvió a echar, de hecho esperaba que viniera a quedarse aquí, como siempre, por eso te estoy llamando. Antes le marqué a Silvia pero dijo que tampoco sabía nada de él.
—Pues que raro, nunca había pasado esto, no se que decir… quizá fue a un bar o con… no sé… con alguien más, otro amigo. ¿Qué sabes tú sobre los pingüinos?
—…
—Es que estoy interesado en la biología, siempre lo he estado, sabes algo.
—No…pues no, ¿te despidieron?
—Bueno olvídalo, si sabes algo de Mario llámame.
—Tú has lo mismo. Cuídate, adiós.
Colgué el auricular. El entusiasmo que antes había hinchado mi prolongación viril se había extinto, tenía que concentrarme si quería hacerme una buena chaqueta. La embarazada de los tatuajes volvió a la acción, ahora estaba con un enano en un baño, se daban una ducha, el enano le tallaba el conejo, lo lamía y mordía. Ella le jalaba los pelos y gritaba como una chiva que se está sacrificando para banquetes. La tenía dura otra vez, ahora lo estaba logrando, daba jalones intensos, llenos de lujuria. Sonó el teléfono una vez más. Maldije y di golpe al sillón, descolgué con rapidez, estaba enojado y contesté con violencia.
—Eh… disculpe ¿se encuentra Óscar?
—Soy yo, ¿quién habla?
—Irma, la amiga de Mario, ¿me recuerdas?
—Sí… ¿Está Mario contigo, qué se trae?
—En este momento no está, fue a la tienda. Me pidió que te hablara, estamos por hacer una fiesta, queremos que vengas.
—¿Una fiesta, de qué, por qué?, dile a Mario que valla a su casa y que llame a su hermana, lo están buscando.
—No ira jamás a la casa de esa perra, aquí estará mejor que en cualquier otro lado, la fiesta, bueno la fiesta es porque nos casamos hoy en la mañana.
—¿Se casaron, por qué?, pero antes tiene que divorciarse de Silvia. Oye está bien que se casen, pero no te parece algo rápido, Mario está enfermo, ¿lo soportaras?
—Nos casamos de manera simbólica, viviremos juntos. Hace unos mese que viene aquí y hacemos el amor, pero ayer en la ma… yo no tengo que explicarte nada ¿vienes o no?
—Sí, en una hora estoy ahí. ¿Sabes algo sobre pingüinos?
—No… que quieres decir con eso, te estas burlando, crees que somos un par de animales gordos y fríos.
—No, sólo hago una investigación.
—Pues no sé nada de esos animales y no me importan. Trae algo de beber por favor. Adiós.
La película estaba ya en los créditos finales, había un collage de todas las tipas, no quise regresarla ni sentarme de nuevo a intentarlo, jamás una simple jaladita me había dado tantos líos. Sonó el timbre de nuevo. Estaba harto, pensé en desconectar el aparato, pero contesté, sólo por no quedarme con la duda.
—¿Sí?
—Óscar.
—Soy yo, quién habla.
—El esposo de Irma, si te acuerdas verdad pendejo.
—Ey qué traes, yo no sé nada de Mario, para qué me llamas.
—Mira, tu y ese puto me las van a pagar, les voy a romper la madre cuando menos se lo esperen, por pinches ojetes, sobre todo tu pinche amiguito, lo voy a matar al hijo de su perra madre.
Colgué.
Fue suficiente, tomé la línea y la saqué de la conexión, creo que jamás ganaré otro concurso ni hablara alguien para saludarme. No me preocupó la amenza de muerte, los tipos que amenazan muy pocas veces cumplen sus palabras, sólo desahogan su miedo de una manera fácil, impersonal y con la suficiente cantidad de ira para asustar débiles. No pude controlarme y puse de nuevo la película. La mujer embarazada y los otros dos en el establo, la pucha se le veía deliciosa, las venas de su vientre me ponían muy caliente, jale y di unos cuantos gritos de gusto, al fin salieron, al fin me vine, estaba alegré, aquello fue como salirse del mundo unos minutos.
Sonó el timbre de el teléfono. Olvidé desconectar también el aparato de la cocina. Ya habían pasado veinte minutos desde la última llamada.
—¿Si?
—Hola, soy Silvia de nuevo, ¿ya supiste lo que ese hijo de puta me hizo?
—Sí, cálmate, no es tan malo, ustedes pelean mucho, es mejor que se valla, esa pendeja de Irma no sabe en lo que se metió.
—Pero yo lo quiero, Óscar… Lo quiero de veras.
—Pues sí… pero… es que la verdad no sé que decir, es todo muy rápido.
—¿Aún te interesan los pingüinos?
—No mucho, pero si sabes algo te escucho.
—Tú sabes que no es el momento, pero necesito hablar con alguien y conseguí un libro sobre fauna del Polo norte, trae un montón de cosas sobre pingüinos.
—Pues… aquí te espero, haré algo para comer.
—Está bien… te veo en un rato.
Colgó.
Puse otra película, está era algo más tranquilo, posiciones normales, sin riesgos ni monstruosidades. Sentía acidez en el estómago, me acosté en el sillón para relajarme. En una hora, cuando abrí los ojos, supe que me había quedado dormido. Estaba soñoliento, sonó el timbre.
—Óscar… te hemos estado llamando, ¿dónde estabas?
—Dormido… ¿eres Silvia?
—Claro, ¿ya se te olvidó mi voz tan pronto?
—Es que acabo de despertar. ¿Qué pasa ahora, no vendrás?
—No… mira te hablo para que sepas que todo se ha resuelto.
—Cómo.
—Te cuento. Estaba por salir rumbo a tu casa, pero tocó la puerta tu hermano, lo invité a pasar, él dijo que venía porque Mario le debe dinero, yo le dije que siempre me había gustado, nos besamos y ahora hemos quedado en estar juntos un tiempo. Supongo que Mario se quedará con Irma, por mí está bien, ahora.
—¿Y el esposo de Irma?, dijo que me mataría.
—Oh… no hará nada… Me ha llamado Cinthia para pedirme el número de teléfono de él, cómo vez, puede ser que acaben juntos también. ¿Por qué no consigues tú una pareja?
—No lo sé, no me he sentido muy bien. Además ahora estoy concentrado con el asunto de los pingüinos. ¿Puedes darle a Oliver la información que tienes, para que me la traiga?
—Está bien. Cuídate y hasta luego.
—Adiós.
Desconecté el aparato y fui a la cocina a preparar mi cena.
jueves, 13 de diciembre de 2007
GUSTO POR GONZALO ROJAS
LOS DÍAS VAN TAN RÁPIDOS
Los días van tan rápidos en la corriente oscura que toda salvación
se me reduce apenas a respirar profundo para que el aire dure en mis pulmones
una semana más, los días van tan rápidos
al invisible océano que ya no tengo sangre donde nadar seguro
y me voy convirtiendo en un pescado más, con mis espinas.
Vuelvo a mi origen, voy hacia mi origen, no me espera
nadie allá, voy corriendo a la materna hondura
donde termina el hueso, me voy a mi semilla,
porque está escrito que esto se cumpla en las estrellas
y en el pobre gusano que soy, con mis semanas
y los meses gozosos que espero todavía.
Uno está aquí y no sabe que ya no está, dan ganas de reírse
de haber entrado en este juego delirante,
pero el espejo cruel te lo descifra un día
y palideces y haces como que no le crees,
como que no lo escuchas, mi hermano, y es tu propio sollozo allá en el fondo.
Si eres mujer te pones la máscara más bella
para engañarte, si eres varón pones más duro
el esqueleto, pero por dentro es otra cosa,
y no hay nada, no hay nadie, sino tú mismo en esto:
así es que lo mejor es ver claro el peligro.
Estemos preparados. Quedémonos desnudos
con lo que somos, pero quememos, no pudramos
lo que somos. Ardamos. Respiremos
sin miedo. Despertemos a la gran realidad
de estar naciendo ahora, y en la última hora.
CONTRA
Me arranco las visiones y me arranco los ojos cada día que pasa.
No quiero ver ¡no puedo! ver morir a los hombres cada día.
Prefiero ser de piedra, estar oscuro,
a soportar el asco de ablandarme por dentro y sonreír
a diestra y a siniestra con tal de prosperar en mi negocio.
No tengo otro negocio que estar aquí diciendo la verdad
en mitad de la calle y hacia todos los vientos:
la verdad de estar vivo, únicamente vivo,
con los pies en la tierra y el esqueleto libre en este mundo.
¿Qué sacamos con eso de saltar hasta el sol con nuestras máquinas
a la velocidad del pensamiento, demonios: qué sacamos
con volar más allá del infinito
si seguimos muriendo sin esperanza alguna de vivir
fuera del tiempo oscuro?
Dios no me sirve. Nadie me sirve para nada.
Pero respiro, y como, y hasta duermo
pensando que me faltan unos diez o veinte años para irme
de bruces, como todos, a dormir en dos metros de cemento, allá abajo.
No lloro, no me lloro. Todo ha de ser así como ha de ser,
pero no puedo ver cajones y cajones
pasar, pasar, pasar, pasar cada minuto
llenos de algo, rellenos de algo, no puedo ver
todavía caliente la sangre en los cajones.
Toco esta rosa, beso sus pétalos, adoro
la vida, no me canso de amar a las mujeres: me alimento
de abrir el mundo en ellas. Pero todo es inútil,
porque yo mismo soy una cabeza inútil
lista para cortar, por no entender qué es eso
de esperar otro mundo de este mundo.
Me hablan del Dios o me hablan de
de ir a buscar tan lejos la explicación del hambre
que me devora, el hambre de vivir como el sol
en la gracia del aire, eternamente.
NOVÍSIMOS POEMAS

III
una cadena enorme,
un enorme aerolito,
maniatara la vergüenza:
alguna vez hubo algo.
Algo no se toca,
se toma algo a veces,
estallido de precipitadas
constelaciones,
féretros deliciosos
cascajos y lamentos,
algo como el arroz entre las piernas
aullidos de un tísico en la
plateada noche,
noche de enormes aerolitos.
IV
Cuántas veces relamió la queja
el suplicio absurdo de
la cordura,
y cuántos peces apuestan
a la zozobra,
al delirio.
Sometimiento
se dijo en la oreja,
sombra del
anciano en el obelisco,
y así
olvido.

1
Agrios berridos en el encierro
escucho, suplicios, un chance, manos
y trucos añejos de lavamanos,
algunos dicen que parezco perro.
La bastarda ronquedad de un carro
nada cuece bajo el sino de unos
sencillos fanáticos de los monos,
desespera la espera del hierro.
Enuncia tristeza tamaño grande,
el aburrido drama de hermanos
y escurridizas mañas en balde.
Lamento de obsesivos enanos
quisiera decir que no es un fraude
parezco perro, pero no alcalde.
2
Esgrimir sobre la página quiero,
un soneto de pausada música,
que embalsame desde la cómica
ternura hasta el fútil desespero.
Que me converse de ella espero,
de la fría añoranza lúbrica,
de la quieta pasión hidráulica
que tienen las cadenas, gatillero.
Un pase de nariz se contonea,
como soneto la coca coloca,
como macizo el poeta deletrea,
oficios que te convierten en foca,
criatura que por el agua ondea,
porfiada mascota que se menea.
V
Que lo dejen estar triste
que lo dejen tristear,
que no le pidan que ya no llore,
que lloré más.
Fue la gota de aceite,
lágrima de su coraza,
sepultura de tuercas
para el señor ochenta y seis.
En la estampada
o en este dolor de costillas,
en el grito, desde luego,
en el primer combate
o en el choque aquel,
del señor ochenta y seis.
Era la habitación de mediana luz amarilla,
la hondura de mi deseo y el callado cariño
de su cuerpo,
Serían los guisos simples,
ir por la masa, menear el agua,
decirle qué te falta, zambullir
un dedo en la crema.
Fueron la coyuntura y la ausencia
del periplo de quererse en silencio.
VII
un mensaje de voz recibido.
Para escuchar el mensaje presione uno, para bo…
No sólo me gusta su hija,
también la quiero, si se lo explico me pierdo,
la quiero por sus alegres tormentos
y por ese recipiente de perennes vacantes,
que se parece a la paciencia, pero más grande,
usted no tiene nada que escucharme,
ni querrá, ni tendrá tiempo, o estaré temblando
como de costumbre, asustado de mí,
como de costumbre, y no podré
sino decirle a lo torpe: buenas tardes.
Le cuento que voy sin bienes raíces al cielo,
que olvido con facilidad la tabla del dos
cuando espero de la brisa un calmante,
confieso que me agrada más estar borracho que alegre
y que la dulzura del tedio enmoheció mi fuerza,
pero también poseo una cajita con letras
que me ayudan con ustedes, los demás;
un electrizado almanaque de honesto cariño,
no muchas virtudes, pero dispuestas.
Por eso le hablo aquí,
en la blanca confianza del buzón de voz,
por eso lo llamé, para decirle
que estoy enamorado de su hija.
piiip

martes, 11 de diciembre de 2007
domingo, 4 de noviembre de 2007
domingo, 7 de octubre de 2007
YA ESTÁ AQUÍ ... EL NUEVO ESCUINCLE
SALVADOR PADILLA
BERNARDO ARAUJO
CESAR JOSÉ VENEGAS
LUIS ¿QUÉ?
AQUI LES DEJO FOTOS Y POEMAS.
CUANDO LOS LOCOS YA NO SE CREAN NAPOLEÓN
Escupo sobre mi disfraz de desempleado,
Sin torear al aburrimiento y la melancolía
lo hago por el tedio que engolosina mi paciencia.
Alejandra tiene una cruda espantosa,
la pondremos a mojar para ablandarla,
veremos televisión mientras
con besos sanemos la impaciencia
y la mediocridad de no entendernos.
Juntaré los dedos como hacen los charlatanes,
para invocar la milagrosa aparición de un gemido
prolongado, de la misma forma en que
las nubes se precipitan para eyacular
sobre el resguardo de una tarde.
Escupo bajo una escalera
y hago un croquis falso
de lo que no podría ser
mi estancia sin ti.
Alejandra tiene una cruda espantosa
pondré a freír verdura,
prometeré ahorrar más de cien pesos,
le diré esas cosas en el oído
mientras veamos en el televisor
un show añejo y cómico
¿Cuándo te irás?,
cuando los locos
ya no se crean Napoleón.
PETICIONES, EXIGENCIAS, DETERMINACIONES
Ton’s qué.
Me pides que deje colgadas las ganas de ser actor porno.
Los meses impúdicos donde anunció con cinismo mi afición
por las caguamas y el billar sin reglas.
Que me peine el pelo con una peineta de tu pinche tío el peluquero
que me ponga horas extremas a estudiar piedras preciosas
y ciudades de gente a la viaje moda del taparrabo y el penacho.
Que los versos sean verdes con florecitas y acantilados,
que un culo abierto no vale los minutos sagradísimos de tu lección,
que baile el nuevo tex-mex para purgar la exquisita
tersura de Bet Gibons.
Me pides que tomé la misma ruta de tus zapatitos de a mil,
que del brazo te acompañe,
que de besito diga adiós,
que con el meñique abra la portezuela del taxi,
que te deje comer primero de mi extra extra barquillo de pistache.
Me pides elimine de mi inventario muscular los kilos abundantes de grasa,
que mande al caño los rizados pelos de mi cara.
Que trabaje más de un mes,
para por lo menos vestirme como los bonitos muchachos
que estudian arquitectura y miden con el barómetro
las construcciones chuecas de su pervertida ilusión de
bajarte la tanguita.
si me prestas cien varos,
si te pones en ángulo recto,
si tú pagas los boletos,
si tú descorchas los finos vinos,
si tú me dictas las estrofas,
si tú lanzas los dados,
yo barajo las cartas,
y armamos el cotorreo.
Ton’s qué.
ANUNCIO
Estoy tan amargo de esta paz
que colgué un anuncio en la ventana:
“se solicita una guerra:
mala presentación,
dolores de cabeza,
aptitudes para desclavar
de la mesa de disección
la ganga magnifica que no fue la vida”
como estaba llorando no abrí
la puerta rápido,
cuando abrí,
la mujer en la banqueta, con el cartel en la mano,
me dijo: ¿es aquí dónde solicitan una güera?
Entonces mi vida cobro sentido
y se llenó de emoción.
La novedad del día de siempre
no vendrá envuelta en sábanas
de cortesana alguna,
pero el dolor de mal dormir
seguirá a pesar de aspirinas sofisticadas
y programas aburridos
de televisión por cable.
No alcanza el insomnio
para rellenar los falso-verdadero
de la prueba de miedos que has deslizado
por debajo de la puerta de mi inercia.
Una gota de aburrida palabrería,
derrotada, es verdad,
por la sencillez de la honesta lujuria
y en una frase doliente
que no termina jamás
porque ha sido dicha con la boca cerrada.
Te deseo con mi erección
de oficinas aulas transportes,
con temblores cuando me acuerdo y babeo.
Mal vendría ahora un sermón
por eso no tiemblo más
y apuesto por reafirmar: te deseo.

VERSOS PARA UNA MUJER QUE AGITÓ SU CUERPO CASI JUNTO AL MIO
Fue honesta cuando dijo,
con las manos formando una caverna:
me cae muy bien este viejo.
Le hacía un gesto para no perder su aplauso.
¿Habrá artefactos dentro de su cuerpo,
mangueras de hule, agujas, suero?
¿Qué importa un ridículo
deseo pedido al cometa fugaz,
cuando la fragilidad de ambos se detiene
bajo la almohada de la cama del hospital?
Ella esta en coma,
ella está sepultada,
ella ha donado sus órganos.
El noticiero de las dos de la tarde me lo dijo,
no fueron los amigos, no el teléfono,
el noticiero de las dos de la tarde
mientras tiraba a la basura una pieza de pan dulce
que las hormigas no terminaron de comer.
¿Cómo esperan que la visite,
cómo esperan que asista al funeral?
Es imposible llorarla
después de que sus nalgas hincharon
la habitación donde el truco del ilusionista fracasó
y en verdad bailamos.
A las cuatro de la mañana
no atino a poner sobre este papel un punto final
y lo guardo aquí para que lo pongas después (.)















