domingo, 15 de febrero de 2009

!!!!!POEMAS¡¡¡¡¡


CANTALETA DE LA VENDEDORA

Sé lo qué hace en la comarca del enfado,
desmenuza en falso decoro su maña,
viene por cuenta del soberano desdén,
me lo contaron las aves de la pradera.

Suelte para sus vasallos colgados un gramo
u dos de su bondad,
querida vendedora venga al reyno,
que el reyno alza las narices para la dulce
y suya coca.








CORRETIZA

I

Ambrosía es moneda de asaltante delicadeza para atracar hay menester usura y nada más corretíza de rutina no lo encontramos se peló.

II

Serenata de ampolletas una luna que no es anuncio de papel viejo te harás en clamores de la suerte tira los dados el de siempre contusión del alma es un anuncio no es el cielo en la batalla no hagas caso a Rafael es como dicen un ángel muy mamón.









MUERTE Y RESURRECCIÓN DE UNA CRIANZA


Un ave murió en el patio,
cambié el frio lecho de su finitud
por la tersura del cartón
de una caja de zapatos.

La caja trinaba,
me acerqué para desmentir el milagro
y calló por fuerza del canto
de diez aves la tapa.

Vibró en mí lo que es y no cascara
de odio que odiaba al esperpento,
los pájaros alzar las alas no podían
pero cantaban, cantaban, cantaban.

De madrugada era cuando abrí
el nido no formado,
volaron cenizas por la ventana.

Vienen las aves las tardes todas aquí
vienen volando en la negritud
¿traerán ahora sí
mis ojos los míos
que se llevaron de mí?


domingo, 14 de diciembre de 2008

POEMAS

ENTONACIÓN


Orina amarilla,
profana bilis.

Aguijón en el glande,
te lo dije.

Una más,
pero di salud.

Y esa,
cualquier destello.

El aro del frio,
saca la piedra.









CUATRO MOVIMIENTOS DE UNA PIEZA

1:
Contempla los arbustos enraizar
el ansia oscura,
haz como las hormigas:
guarda en lo ajeno.


2:
Tibió licor en el saco,
un trago rápido para adormecer,
uno largo para despistar.

3:
Por el oriente
hacia la punta de tus pies
no hay sol que apueste
en el mismo juego de obscurecer.

4:
Es el tedio la mano tendida del engaño
y usted y yo la palma que busca estrecharse,
usted y yo manía de escarabajos,
líquenes de no ver,
espejuelos simétricos,
usted y yo la calma,
el ansia domesticada,
usted usted usted
y yo.








ALLEGRO DE REPENTE

Ya que no hay nada que me atrape,
me dejo caer en la trampa que invente para ti.

Hicimos domestico delirio,
el allegro era simple, hacia encorvar tus cejas
y la casa del rey de abril abría
eyaculante las arcas de la dicha.

Con la cruda en la mañana
había algo había nada
para este sin altura
como suelen presentarme.

La magia explicada,
lo que disolvió el allegro,
lo que derrocó al espasmo,
vertió semen sin signo
en la rompiente noche del desierto,
a ráfagas de miel de luna aterido
el miedo es un enjambre vapuleado.


CANCIÓN DE MAYRA

1:
En la conjuración del hastío,
o buscando la muerte nada más,
tu boca dio en la mía y yo liviano,
sonreí.

Decrecida liviandad del otoño,
de mis manos caen caricias,
todos pueden largarse,
quedémonos tu y yo adentro.

2:
En lo posible mantendremos a buena marcha la bicicleta,
estoperoles como garzas que vuelan alto
brillan cuando paso el brazo torpe por el estante
y pago el vino,
mira, te digo un par de cosas que ahora capturo:
porque los labios van y vienen cuando sale el aire de tu nombre,
y vagos fantasmas no atienden los teléfonos
pero escriben largas cartas antiguas como el instante,
por evocación del cliché se derrumbará el halago.

Mayra, como me gusta decir una y una y otra y otra vez ese nombre,
porque son aeronaves que despegan desde el cuerpo
a islas donde se cocina la frescura con que los alegres
aprenden a guardar secretos de amor.

3:
Pensé en trazar una carta que no fuese un mapa,
levantar con tierra de confusión una isla,
además, sin llamado de lo ajeno,
mudarme ahí por un instante,
el que su lectura exija.

Desarmo la abulia
y tecleo estas palabras
y entre ellas ese hueco blanco que dice
ahí estará lo que no alcanzó a decir,
esencial asunto:
atrapar en la fuga de lo sublime un algo hermoso,
un ¡sssht¡ a mitad del concierto.

Entonces se acercaron las lobas,
venían danzando sedosos bailes de oriente,
entonces eran como mujeres,
tenían la inalcanzable magia de encantar,
la precisa soltura en el sexo,
la increíble fecundidad del engaño
y risas largas para la ley de los hombres;
las lobas trajeron joyas que eran besos,
ofrendas de pan que eran telarañas,
el amor les hizo brotar colmillos,
garras de fiera,
nos herimos.

La vacuidad trajo
a mi jardín novedad anhelada,
me creí santo y profese en el cerro,
en el duelo ganaron los vicios,
me senté a esperar los próximos golpes,
la siguiente pelea, el reciente arresto,
otro brinco de mata.

Y así, con la calma que amo en ti,
comienzo a silbar de nuevo
a los perros callejeros de mi alma,
puedo ver la sonrisa salírseles por el hocico
cuando escuchan que el silencio se interrumpe:
Mayra, Mayra, Mayra,
le digo a la calle que sonríe también,
los autobuses, el cableado, las flores en el concreto.

Pero no veas una sonrisa,
mira que las cosas en verdad se mueven junto a uno.

Sumergido en el dulce tono con que me hablas,
seducido casi noqueado por el deseo,
embargado sin embargo por la altura de lo que dices,
y ese tierno desapego del tiempo
con que siembras tu llegada,
qué me resta si no festejar esta energía
que eres y que sale de mis dedos
a cubrir la página con el desinterés
bondadoso de las enredaderas.


AIRE LACRA
Un viento el viento
un aire el aire
esta letra la letra.

Lo mismo el mismo
el otro del otro
esta canción canción.

La mano del bato
el bato tumbado
esa valija ese.

El bato la valija
lo mismo el bato
esta canción un aire.












NO ESCRIBIRÉ OTRO POEMA DE BORRACHOS

Vástago de mi consuelo
es el viento, que levanta
los toldos, los hules que pusimos.
Este patio es de nadie,
o si no miren a las gladiolas,
(sí, a las gladiolas)
no se han movido,
se descascara la maseta.
Bueno, hablo mucho y es que estoy aquí,
aquí y por dar ejemplos
llamaré a Mayra,
que venga la agripada,
que venga la sedosa amiga, la etérea,
Mire, se esta secando la yerba viene la sequía,
el fraccionamiento le pisa los talones a la pradera,
mire la sequía esta llegando.

No escribiré otro poema de borrachos,
no diré mantras para esconderme,
no escribiré una canción para festejar mi ruina,
no me bañaré en ego cuando festejen mi asco,
no aturdiré a los niños con versos a la patria,
no gastaré la silaba en cifrar la mentira,
no ofrendaré mi alma a los poetas,
no será mi llanto una letanía,
no derrocaré ternura sin vasallaje lúbrico,
no profanaré el verbo de los sabios,
no creeré en el misterio de la maquina.

Si una brújula que no tengo
cantára en mis caminos
o al menos un afeite grácil
adornara mi esqueleto,
por supuesto diríamos
cortas respuestas,
éste trabajo será cansado
deseo ablandar el culo.

domingo, 26 de octubre de 2008


UN POEMA SIMPLEMENTE HONESTO Y DIRECTO, LO ENCONTRÉ BUSCANDO EN LA RED INFORMACIÓN SOBRE UNA DELICIOSA BENZODIACEPINA QUE SIEMPRE ME COLOCA MUY SABROSO, LEANLO, AQUELLOS QUE HAN PROBADO LA SEÑORA LEXOTÁN ENCONTRARAN EN LOS VERSOS UN ESPEJO O UN DESPEGUE.


Poema Señora Lexotán de Enzia Verduchi

Qué son seis miligramostres veces al día si con ellose pueden anestesiar los sentimientos,si controla la ansiedad del todo.No ríes, no lloras, no percibesni el principio ni el fin del mundo.Basta con abrir la boca:el ama de casa no es indecisaante la gama del supermercado;los adúlteros no discutenla orfandad en el tálamo;nada agrede al taxistasólo el alto que obliga el rojo.Señora Lexotán, con ustedno hay cabeza que perder.

sábado, 18 de octubre de 2008

DANDO DE COMER A MI EGO...





DANDO DE COMER AL EGO ME INVITÓ EL COMPAÑERO DE CAUSA Y AULA HECTOR CRISTERNA, FAMOSO POR EJECUTAR DOLOROSO BLUES CON SU BANDA, Y LECTOR ATENTO DE MIS CUENTOS; REALIZÓ UN ESTUDIO SOBRE EL LIBRO "SOLO Y SIN BOLSILLOS PARA METER LAS MANOS ANTES DE LLORAR" Y ME INVITÓ A COMENTAR CON EL SALÓN DE CLASE Y A ESCUCHAR EL CUENTO QUE SIGUE, DIJO BSARSE EN EL AMBIENTE, EL TEMA DE MIS HISTORIAS... BUENO... LA PLATICA ESTUVO RE-BIEN, NOS REÍMOS BASTANTE Y PARECE QUE A MÁS DE UNO LE AGRADO LA LECTURA. SIN MÁS UN AGRADECIMIENTO TREMENDO PARA HECTOR, ESA PLATICA ME HA INYECTADO ENERGIA, !AHAHAHAH¡






(pinturas del maestrisimo FRANCIS BACON)



Hora del almuerzo

El ruido del celular me despertó. Era Santiago, editor del que sería mi siguiente libro.
–¿Cómo estás, Garfield? Necesito que vengas a verme. Lepras Liebres quiere publicar el capítulo cuatro de la novela… y nomás me has entregado tres.
–¿Ya ahorita? Es que todavía tengo que agregarle algunas cosas…
–Pues apúrate, la revista va a imprenta en una semana. Necesito el texto lo antes posible.
–Pero es que todavía no está listo. Tú sabes, no puedo escribirlo así como así, lleva su tiempo…
–Hazle como quieras… Si no me entregas el texto, el libro se va al carajo.
Pinche Santiago. Antes, ni quién pelara mis textos, y ahora ese cabrón me presiona para que le entregue uno. Era más sencillo cuando era un cronopio desconocido y trabajaba de botarga del Dr. Simi. Por lo menos podía bailar cumbias todo el día, mientras daba paletas a niñitos imbéciles que se emocionaban por saludarme. Ni modo, a llenar hojas.
Abrí el refri para buscar algo de desayunar, nunca me ha gustado escribir con el estómago vacío. Nada, ya no quedaba ningún cerebro para comer, sólo una lata de cerveza solitaria. Bebí la cerveza mientras pensaba en Osvaldo. Estaba enojado con él, ¿cómo se le había ocurrido cobrarme por los cerebros? Antes me los daba gratis, supongo que por el morbo de verme comer carne humana. Al fin y al cabo, conseguirlos era sencillo para él, era estudiante de medicina y hacía su servicio en la morgue. Pero antier me dijo que tenía problemas, que algunos maestros estaban sospechando, que no era sencillo rajar un cráneo… y que me los vendía a doscientos pesos. ¡Doscientos pesos! Ni loco. Si me comía los sesos no era por degenerado, sino porque me salía más barato que comprar un kilo de carne.
Siempre me habían gustado los cerebros: sólo hay que agregar una pizca de orégano y sal, y listo. Lo mejor es que no necesitan aceite, se cocinan en su propia grasa. Pero pagar doscientos pesos… además ¿de dónde iba a sacar doscientos pesos? Mis últimos recursos me los había gastado en un mal negocio. Un amigo me convenció de prestarle para comprar un paquete de coca. Me dijo que tenía bastantes clientes, que no me preocupara, que mi dinero se iba a multiplicar. Cómo me dolió su muerte. El güey nunca me pagó. Su familia decía que se había deprimido y se había tomado pastillas para dormir. ¿Deprimido?, ni que fuera emo. La verdad es que cuando tuvo la mercancía a la mano, se pasoneó. Siempre había sido un goloso. Adiós dinero.
Tendría que salir a buscar algo de comer. Una cerveza no llena la panza. Garfield, Garfield, es hora de ir con algún John Bónachon que me alimente. El apodo me lo había ganado por mis párpados caídos y mi sonrisa medio agüevada. Busqué entre mis dos pantalones y las tres o cuatro playeras que había tiradas en el cuarto la que estuviera menos sucia. Hice la prueba olfativa de mis calcetines para ponerme los menos apestosos. Después de todo, tenía que ir presentable con Santiago.
Ya en la calle, miré alrededor en busca de alguna buena mujer que llevara el mismo rumbo que yo. Sin duda, siempre se camina más contento y con más ganas detrás de un buen culo. Fui a la facultad de Literatura, a buscar algún conocido que me invitara un taco. Ese era mi día de mala suerte, todos decían lo mismo, Chale, es que el profe me acaba de encargar un buen de copias, no traigo varo. En la lonchería ya debía dos tortas y tres molletes, así que sólo subí a la dirección para servirme un café. Era lo chido de estudiar ahí, podías tomar todo el café que quisieras. Once y media, debía apurarme para alcanzar a Santiago antes de que saliera al almuerzo… con suerte le sacaría algo si le prometía tener el texto listo en tres días.
Entré a su oficina lo saludé. Eran las doce. Mis tripas se revolcaban tratando de exprimirse a sí mismas. Es verdad que no era un hambre de días, pero cuando el estómago ruge, hay que hacerle caso. Santiago empezó a repetirme el mismo rollo que en la mañana, lo de Lepras Liebres y la urgencia de entregar el capítulo… su voz se iba haciendo cada vez más tenue, yo sólo pensaba en sus carnosos brazos, en su panza de menudo, pero sobre todo veía esa gran cabeza detrás de sus lentes redondos. Una enorme cabeza calva que de seguro contendría algo más que el kilo y cuarto de cerebro reglamentario. Lo convencí de que fuera a mi depa para enseñarle unos avances del escrito y otro proyecto de poesía, que no había llevado porque aún no los pasaba a la computadora, y tenía miedo de que alguien me robara los manuscritos en la calle. Obsesiones de escrito, le dije. Incluso lo convencí de dejar su carro en el estacionamiento, es que en la entrada de mi colonia están perforando para arreglar el servicio de agua potable, nomás vieras que hoyotes, hasta parece que en vez de Jiapaz es Pemex el que anda haciendo pozos petroleros, no se te vayan a fregar los amortiguadores. No sé como lo conseguí, pero se creyó todo. Tomamos un taxi que nos dejó abajo del edificio donde vivo.
–¿No decías que había unos hoyos enormes? –preguntó mientras pagaba molesto.
–Pos en la mañana sí había… – fue la única respuesta medio pendeja que atiné a decir.
Mientras subíamos las escaleras, fui planeando todo. Lo llevaría a la cocina, le diría que me esperara sentado, mientras yo iba al cuarto a buscar algún texto viejo entre los montones de libros y revistas porno que tenía guardados en rejas, le entregaría las hojas, y mientras las leía, sacaría el cuchillo de mi abuelo, ese que me había regalado porque según él “siempre es bueno tener un cuchillo bien afilado” y se lo enterraría en la nuca. Lo despedazaría en la regadera, para limpiar la sangre más fácil, y guardaría sus trozos en el refri, había suficiente espacio…
-Pasa, estás en tu casa. Siéntate en la cocina mientras busco los poemas. Te ofrecería algo de comer, pero ahorita no tengo nada…
-¿Qué traes Garfield? Andas más amable que de costumbre. Si ya sé que nunca has tenido nada que tragar…


Fui al cuarto, encontré una libreta de la prepa donde tenía escritas algunas mamadas. No importa, sólo necesito que se distraiga unos pocos segundos. Le entregué el cuaderno, lo empezó a hojear, yo abrí el cajón de la alacena donde guardo los cubiertos… ¡puta madre! el cuchillo estaba sucio, lo usé ayer para abrir una lata de sardinas, tengo que comprarme un abrelatas… Fui al fregadero a buscar el arma, pero Santiago ya se estaba levantado gritando enfadado ¡¿qué son estás mamadas?! pues eso, le contesté, no había tiempo para más explicaciones, me lancé hacia él con el cuchillo en la mano, se alcanzó a quitar, tomó una botella de charanda que había en la mesa (vacía, por supuesto) y me la lanzó con tan buen tino que me hizo un chipote, lo alcancé antes de que pudiera abrir la puerta, pero de alguna manera sostuvo mis manos antes de que pudiera clavarle nada, forcejeamos con tan mala fortuna que el que terminó con el cuchillo en la panza fui yo. Santiago, perdóname, era una bromita nada más, ayúdame, llévame al hospital… no tenía fuerzas para gritar, ¿de dónde iba a tenerlas, si no había desayunado nada? El güey ni me peló, salió corriendo mientras yo me desangraba tirado entre colillas de cigarro y latas vacías.
Nadie reclamó mi cadáver, mi familia no tenía o no quería gastar en el ataúd. “¿Pagar por sus pendejadas? Ni que cagara dinero” era lo que siempre decía mi madre las veces que me metieron a bote por andar de desmadroso… supongo que esta vez sería igual. Me llevaron a la morgue, y ahí lo vi otra vez, pinche Osvaldo, traía unos ojos de pervertido. Aún recuerdo el ruido de la sierra mientras me rajaba la cabeza… ¿cómo iba a saber que ya no me daba los cerebros gratis porque ahora era él quien se los comía?

Héctor Rodríguez Cristerna.

lunes, 6 de octubre de 2008

¡EXPOSICION, LA EXPOSICION!


ESTE VIERNES EN EL BAR "BIG BANG" FRENTE A LA FUENTE DE LOS FAROLES EN LA CALLE TACUVA. DESDE LAS OCHO HASTA QUE AGUANTEMOS