domingo, 10 de febrero de 2008
EN LA CIUDADZOTA
viernes, 18 de enero de 2008
CANCIONES POEMAS
COMO CONOCÍ A PETER PAN
Anduve tanto tiempo tropezando con ropas ajenas
hice tanto caso a las llamadas al alma
que decidí dejar la ventana abierta una vez
primero entraba el mar
navíos extraviados de oscuridad grifos
cartas que nunca más tuvieron ojos
puñetazos de agua contra arrecifes lejanos
y mi hermano sandokan oliendo el cielo de la mañana
como me acostumbré a contar el día
por la voz que cargaba el amanecer
seguí mirando el precipicio y la lluvia
bocabajo con legañas feliz
enfermo o escribiendo vendiendo el aire de la ventana
hasta que una noche murió mi niñez
no pude crecer más
el reino perdido es la justificación
no hubo más aire en los ciruelos
con el cielo pegado en la cara moría
impávido esperando
entró de día y mi sombra era suya
hablamos como viejos piratas
hizo cuentos de cuevas y madres que nunca tuvo
hasta que le hablé de mi madre
RAMON FERNANDEZ LARREADULCE DAMA MARIA JUANA
Ahora que se fue,
de ti se alejó,
al este emigró,
ya todo pasó.
Dulce Monalisa
te quiero pintar,
tu sabes la extraño
no puedo evitar.
No llores por favor
yo estoy ahí,
así sonríe
está muy bien
Dulce mariajuana
te quiero sentir,
tu sabes te extraño
no puedo seguir.
CORAZÓN DE CACTO
noche tras noche
el amor con distinta piel
envolvió al velador
trasnochado de mi corazón.
noche tras noche
al saciar el sueño su sed
deja un beso distinto en los labios
de mi soledad
el amor como un nubarrón
llueve recio y tupido se va
y se llega a quedarse se va evaporando
y luego se va
sorbo tras sorbo en el fondo
del viejo bar
absorbiendo el amor
gota a gota esta un corazón
sorbo tras sorbo en el bache del eje vial
transplantado te veo en el desierto
de esta ciudad
el amor como un nubarrón
llueve recio y tupido
y luego se va
y se llega a quedarse se va evaporando
se va
ese beso que ya se seco
todavía crepita y palpita en un corazón
corazón de cacto tacto de asfalto
corazón de cacto tacto de asfalto
sigue guardando beso tras beso que ya lloverá.

sábado, 12 de enero de 2008
DOS POEMAS DOS

VIII
¿Ya lo ves?,
que funesto precipicio
anestesio la ira,
cuántos centavos
se gastaron para encajarle
el diente a las desapasionadas
llamadas telefónicas.
¿Ya lo vez?,
a la espera de ablandar el hastió,
apesadumbrado por los bocinazos
no me quejo de nada
tan sólo del silencio en el anfiteatro
de mis días.
IX
Y escucharas la voz de bronceados muchachos
endulzar con atinados florilegios de mar
la funesta algarabia de tu cuerpo, alto y tibio.
Yo desfallezco aburrido,
atado a la impaciencia:
inhalo y bebo, bebo, inhalo y fumo,
forjo, prendo, inhalo, suelto, bebo,
Yo escribo en este verso yo, porque soy yo,
traicionar la mínima franqueza de mi desasosiego
no me traería ni la más blanda de las flores
de su compañía.
Como si de extrañar se tratara:
Inhalo y bebo, bebo inhalo y fumo
Forjo, prendo, inhalo, suelto, bebo.
No conseguiré quererte como esos muchachos del mar,
que estúpido me ha hecho la vida,
que estúpida vida me ha traído,
que asco estar vivo.
Inhalo y bebo, bebo inhalo y fumo,
forjo, prendo, inhalo, suelto, bebo.
DE NUEVO: FELICITY FEY
UN CUENTO "CHAQUETERO"
A veces me gusta jalármela después de comer, con el estómago lleno el amor solitario no es tan patético, quizá porque no siento el mismo cansancio que en ayunas y una vez satisfecha la necesidad del alimento las otras necesidades pasan a segundos términos.
Aquel lunes Oliver salió a comprar un apagador nuevo para la cocina y yo me quedé en casa, ansioso porque se marchara, para ver una nueva película porno que compré en el mercado y que prometía además de buenas chavas, un desfile de aberraciones exquisitas, entre las más emocionantes: hacer brotar leche materna a una embarazada, diez minutos de nalgadas a una adolescente tailandesa y así.
Me gusta estar desnudo desde que empieza la película, no regreso ni adelanto escenas, disfruto ver todos los movimientos y escuchar los ricos insultos que se dicen en las escenas. Me excita cuando los hombres dicen: te gusta como te cojo con mi gran verga, y cuando ellas dicen: vamos papi dame toda tu leche.
Había comenzado a estirar, sólo movimientos lentos. Estaba preparado para hacerlo más rápido y al final de la primer toma, (una panocha peludisíma de una mujer de raza negra), timbró el maldito teléfono. Fui a contestar. Pude no hacerlo pero en una ocasión gané cien mil kilos de chocolate con almendras en un sorteo y no lo pude recoger porque no contesté el teléfono cuando me marcaron, entonces contesto siempre, aunque sea una tontería.
Esa ocasión la que llamó fue mi cuñada Silvia.
—¿Si?
—¿Óscar?
—Sí.
—Hola, soy Silvia… ¿estás ocupado?
Tenía el pantalón en los tobillos, el calzón en las rodillas y con la mano izquierda jugueteaba con el pito.
—No… ¿qué sabes sobre pingüinos?
—¿Eh?... oye… sólo hablo para saber cómo está Mario.
—Ah, está bien, algo triste como siempre, no es la primera vez que lo corres de la casa, así que ya sabes lo que hace, viene aquí, llora, bebemos, llora más y se va, luego telefonea a tu casa y pide disculpas,¿aún no ha llamado?, ¿qué sabes sobre pingüinos?
—Viven en el frío, son como aves… ¿por qué?, ¿qué tienen que ver los pingüinos con Mario? Oye pues no ha llamado, creí que aún estaba contigo. Nunca tarda más de un día sin llegar. Ya sabes, nuestras peleas no son tan fuertes pero el es muy sensible.
—Bueno seguramente está con su hermana, quizá esta pelea es la más fuerte de todas. ¿En donde me dijiste que viven los pingüinos?
—En el Polo norte, creo ¿es una tarea que te dejaron en la escuela?
—No, sólo que estoy viendo una película donde salen esos animales y quise saber algo sobre ellos. Mario dijo que está vez no lo perdonarías, ¿es verdad?
—Claro que no, estaba enojada, pero ya entendí que si a él le gustan los pericos como mascotas, no es nada malo, a mi me gustan los gatos, podemos convivir todos ¿no lo crees?
—Sí… llama a casa de su hermana, ¿tienes el teléfono?
—Ajá, lo tengo aquí, ahora mismo le llamo ¿qué película ves?
—Es… no recuerdo el nombre, está en la tele.
—Bueno cuídate mucho, gracias… adiós
—Adiós Silvia.

La actuación de la embarazada fue buena, salieron chorros espesos de su leche maternal y los dos tipos que estaban con ella en el establo eyacularon de manera espectacular sobre su rostro. Los pingüinos estaban tatuados en las caderas de la mujer, se veían tan sensuales. Mi erección había bajado, la platica con Silvia no fue muy motivante.
Seguí en lo mió. El timbre otra vez, en está ocasión dude en contestar, pero por fin descolgué.
—Hola.
—Hola, ¿Óscar?, soy Cinthia, la hermana de Mario.
—Ah sí, cómo estás, qué pasa.
—Bien… oye has visto a mi hermano.
—Vino ayer, se quedó unas horas, pensé que estaría en tu casa, ¿no supiste que se pelearon otra vez?
—No, no ha venido desde la otra semana, supe que Silvia lo volvió a echar, de hecho esperaba que viniera a quedarse aquí, como siempre, por eso te estoy llamando. Antes le marqué a Silvia pero dijo que tampoco sabía nada de él.
—Pues que raro, nunca había pasado esto, no se que decir… quizá fue a un bar o con… no sé… con alguien más, otro amigo. ¿Qué sabes tú sobre los pingüinos?
—…
—Es que estoy interesado en la biología, siempre lo he estado, sabes algo.
—No…pues no, ¿te despidieron?
—Bueno olvídalo, si sabes algo de Mario llámame.
—Tú has lo mismo. Cuídate, adiós.
Colgué el auricular. El entusiasmo que antes había hinchado mi prolongación viril se había extinto, tenía que concentrarme si quería hacerme una buena chaqueta. La embarazada de los tatuajes volvió a la acción, ahora estaba con un enano en un baño, se daban una ducha, el enano le tallaba el conejo, lo lamía y mordía. Ella le jalaba los pelos y gritaba como una chiva que se está sacrificando para banquetes. La tenía dura otra vez, ahora lo estaba logrando, daba jalones intensos, llenos de lujuria. Sonó el teléfono una vez más. Maldije y di golpe al sillón, descolgué con rapidez, estaba enojado y contesté con violencia.
—Eh… disculpe ¿se encuentra Óscar?
—Soy yo, ¿quién habla?
—Irma, la amiga de Mario, ¿me recuerdas?
—Sí… ¿Está Mario contigo, qué se trae?
—En este momento no está, fue a la tienda. Me pidió que te hablara, estamos por hacer una fiesta, queremos que vengas.
—¿Una fiesta, de qué, por qué?, dile a Mario que valla a su casa y que llame a su hermana, lo están buscando.
—No ira jamás a la casa de esa perra, aquí estará mejor que en cualquier otro lado, la fiesta, bueno la fiesta es porque nos casamos hoy en la mañana.
—¿Se casaron, por qué?, pero antes tiene que divorciarse de Silvia. Oye está bien que se casen, pero no te parece algo rápido, Mario está enfermo, ¿lo soportaras?
—Nos casamos de manera simbólica, viviremos juntos. Hace unos mese que viene aquí y hacemos el amor, pero ayer en la ma… yo no tengo que explicarte nada ¿vienes o no?
—Sí, en una hora estoy ahí. ¿Sabes algo sobre pingüinos?
—No… que quieres decir con eso, te estas burlando, crees que somos un par de animales gordos y fríos.
—No, sólo hago una investigación.
—Pues no sé nada de esos animales y no me importan. Trae algo de beber por favor. Adiós.
La película estaba ya en los créditos finales, había un collage de todas las tipas, no quise regresarla ni sentarme de nuevo a intentarlo, jamás una simple jaladita me había dado tantos líos. Sonó el timbre de nuevo. Estaba harto, pensé en desconectar el aparato, pero contesté, sólo por no quedarme con la duda.
—¿Sí?
—Óscar.
—Soy yo, quién habla.
—El esposo de Irma, si te acuerdas verdad pendejo.
—Ey qué traes, yo no sé nada de Mario, para qué me llamas.
—Mira, tu y ese puto me las van a pagar, les voy a romper la madre cuando menos se lo esperen, por pinches ojetes, sobre todo tu pinche amiguito, lo voy a matar al hijo de su perra madre.
Colgué.
Fue suficiente, tomé la línea y la saqué de la conexión, creo que jamás ganaré otro concurso ni hablara alguien para saludarme. No me preocupó la amenza de muerte, los tipos que amenazan muy pocas veces cumplen sus palabras, sólo desahogan su miedo de una manera fácil, impersonal y con la suficiente cantidad de ira para asustar débiles. No pude controlarme y puse de nuevo la película. La mujer embarazada y los otros dos en el establo, la pucha se le veía deliciosa, las venas de su vientre me ponían muy caliente, jale y di unos cuantos gritos de gusto, al fin salieron, al fin me vine, estaba alegré, aquello fue como salirse del mundo unos minutos.
Sonó el timbre de el teléfono. Olvidé desconectar también el aparato de la cocina. Ya habían pasado veinte minutos desde la última llamada.
—¿Si?
—Hola, soy Silvia de nuevo, ¿ya supiste lo que ese hijo de puta me hizo?
—Sí, cálmate, no es tan malo, ustedes pelean mucho, es mejor que se valla, esa pendeja de Irma no sabe en lo que se metió.
—Pero yo lo quiero, Óscar… Lo quiero de veras.
—Pues sí… pero… es que la verdad no sé que decir, es todo muy rápido.
—¿Aún te interesan los pingüinos?
—No mucho, pero si sabes algo te escucho.
—Tú sabes que no es el momento, pero necesito hablar con alguien y conseguí un libro sobre fauna del Polo norte, trae un montón de cosas sobre pingüinos.
—Pues… aquí te espero, haré algo para comer.
—Está bien… te veo en un rato.
Colgó.
Puse otra película, está era algo más tranquilo, posiciones normales, sin riesgos ni monstruosidades. Sentía acidez en el estómago, me acosté en el sillón para relajarme. En una hora, cuando abrí los ojos, supe que me había quedado dormido. Estaba soñoliento, sonó el timbre.
—Óscar… te hemos estado llamando, ¿dónde estabas?
—Dormido… ¿eres Silvia?
—Claro, ¿ya se te olvidó mi voz tan pronto?
—Es que acabo de despertar. ¿Qué pasa ahora, no vendrás?
—No… mira te hablo para que sepas que todo se ha resuelto.
—Cómo.
—Te cuento. Estaba por salir rumbo a tu casa, pero tocó la puerta tu hermano, lo invité a pasar, él dijo que venía porque Mario le debe dinero, yo le dije que siempre me había gustado, nos besamos y ahora hemos quedado en estar juntos un tiempo. Supongo que Mario se quedará con Irma, por mí está bien, ahora.
—¿Y el esposo de Irma?, dijo que me mataría.
—Oh… no hará nada… Me ha llamado Cinthia para pedirme el número de teléfono de él, cómo vez, puede ser que acaben juntos también. ¿Por qué no consigues tú una pareja?
—No lo sé, no me he sentido muy bien. Además ahora estoy concentrado con el asunto de los pingüinos. ¿Puedes darle a Oliver la información que tienes, para que me la traiga?
—Está bien. Cuídate y hasta luego.
—Adiós.
Desconecté el aparato y fui a la cocina a preparar mi cena.
jueves, 13 de diciembre de 2007
GUSTO POR GONZALO ROJAS
LOS DÍAS VAN TAN RÁPIDOS
Los días van tan rápidos en la corriente oscura que toda salvación
se me reduce apenas a respirar profundo para que el aire dure en mis pulmones
una semana más, los días van tan rápidos
al invisible océano que ya no tengo sangre donde nadar seguro
y me voy convirtiendo en un pescado más, con mis espinas.
Vuelvo a mi origen, voy hacia mi origen, no me espera
nadie allá, voy corriendo a la materna hondura
donde termina el hueso, me voy a mi semilla,
porque está escrito que esto se cumpla en las estrellas
y en el pobre gusano que soy, con mis semanas
y los meses gozosos que espero todavía.
Uno está aquí y no sabe que ya no está, dan ganas de reírse
de haber entrado en este juego delirante,
pero el espejo cruel te lo descifra un día
y palideces y haces como que no le crees,
como que no lo escuchas, mi hermano, y es tu propio sollozo allá en el fondo.
Si eres mujer te pones la máscara más bella
para engañarte, si eres varón pones más duro
el esqueleto, pero por dentro es otra cosa,
y no hay nada, no hay nadie, sino tú mismo en esto:
así es que lo mejor es ver claro el peligro.
Estemos preparados. Quedémonos desnudos
con lo que somos, pero quememos, no pudramos
lo que somos. Ardamos. Respiremos
sin miedo. Despertemos a la gran realidad
de estar naciendo ahora, y en la última hora.
CONTRA
Me arranco las visiones y me arranco los ojos cada día que pasa.
No quiero ver ¡no puedo! ver morir a los hombres cada día.
Prefiero ser de piedra, estar oscuro,
a soportar el asco de ablandarme por dentro y sonreír
a diestra y a siniestra con tal de prosperar en mi negocio.
No tengo otro negocio que estar aquí diciendo la verdad
en mitad de la calle y hacia todos los vientos:
la verdad de estar vivo, únicamente vivo,
con los pies en la tierra y el esqueleto libre en este mundo.
¿Qué sacamos con eso de saltar hasta el sol con nuestras máquinas
a la velocidad del pensamiento, demonios: qué sacamos
con volar más allá del infinito
si seguimos muriendo sin esperanza alguna de vivir
fuera del tiempo oscuro?
Dios no me sirve. Nadie me sirve para nada.
Pero respiro, y como, y hasta duermo
pensando que me faltan unos diez o veinte años para irme
de bruces, como todos, a dormir en dos metros de cemento, allá abajo.
No lloro, no me lloro. Todo ha de ser así como ha de ser,
pero no puedo ver cajones y cajones
pasar, pasar, pasar, pasar cada minuto
llenos de algo, rellenos de algo, no puedo ver
todavía caliente la sangre en los cajones.
Toco esta rosa, beso sus pétalos, adoro
la vida, no me canso de amar a las mujeres: me alimento
de abrir el mundo en ellas. Pero todo es inútil,
porque yo mismo soy una cabeza inútil
lista para cortar, por no entender qué es eso
de esperar otro mundo de este mundo.
Me hablan del Dios o me hablan de
de ir a buscar tan lejos la explicación del hambre
que me devora, el hambre de vivir como el sol
en la gracia del aire, eternamente.
NOVÍSIMOS POEMAS

III
una cadena enorme,
un enorme aerolito,
maniatara la vergüenza:
alguna vez hubo algo.
Algo no se toca,
se toma algo a veces,
estallido de precipitadas
constelaciones,
féretros deliciosos
cascajos y lamentos,
algo como el arroz entre las piernas
aullidos de un tísico en la
plateada noche,
noche de enormes aerolitos.
IV
Cuántas veces relamió la queja
el suplicio absurdo de
la cordura,
y cuántos peces apuestan
a la zozobra,
al delirio.
Sometimiento
se dijo en la oreja,
sombra del
anciano en el obelisco,
y así
olvido.

1
Agrios berridos en el encierro
escucho, suplicios, un chance, manos
y trucos añejos de lavamanos,
algunos dicen que parezco perro.
La bastarda ronquedad de un carro
nada cuece bajo el sino de unos
sencillos fanáticos de los monos,
desespera la espera del hierro.
Enuncia tristeza tamaño grande,
el aburrido drama de hermanos
y escurridizas mañas en balde.
Lamento de obsesivos enanos
quisiera decir que no es un fraude
parezco perro, pero no alcalde.
2
Esgrimir sobre la página quiero,
un soneto de pausada música,
que embalsame desde la cómica
ternura hasta el fútil desespero.
Que me converse de ella espero,
de la fría añoranza lúbrica,
de la quieta pasión hidráulica
que tienen las cadenas, gatillero.
Un pase de nariz se contonea,
como soneto la coca coloca,
como macizo el poeta deletrea,
oficios que te convierten en foca,
criatura que por el agua ondea,
porfiada mascota que se menea.
V
Que lo dejen estar triste
que lo dejen tristear,
que no le pidan que ya no llore,
que lloré más.
Fue la gota de aceite,
lágrima de su coraza,
sepultura de tuercas
para el señor ochenta y seis.
En la estampada
o en este dolor de costillas,
en el grito, desde luego,
en el primer combate
o en el choque aquel,
del señor ochenta y seis.
Era la habitación de mediana luz amarilla,
la hondura de mi deseo y el callado cariño
de su cuerpo,
Serían los guisos simples,
ir por la masa, menear el agua,
decirle qué te falta, zambullir
un dedo en la crema.
Fueron la coyuntura y la ausencia
del periplo de quererse en silencio.
VII
un mensaje de voz recibido.
Para escuchar el mensaje presione uno, para bo…
No sólo me gusta su hija,
también la quiero, si se lo explico me pierdo,
la quiero por sus alegres tormentos
y por ese recipiente de perennes vacantes,
que se parece a la paciencia, pero más grande,
usted no tiene nada que escucharme,
ni querrá, ni tendrá tiempo, o estaré temblando
como de costumbre, asustado de mí,
como de costumbre, y no podré
sino decirle a lo torpe: buenas tardes.
Le cuento que voy sin bienes raíces al cielo,
que olvido con facilidad la tabla del dos
cuando espero de la brisa un calmante,
confieso que me agrada más estar borracho que alegre
y que la dulzura del tedio enmoheció mi fuerza,
pero también poseo una cajita con letras
que me ayudan con ustedes, los demás;
un electrizado almanaque de honesto cariño,
no muchas virtudes, pero dispuestas.
Por eso le hablo aquí,
en la blanca confianza del buzón de voz,
por eso lo llamé, para decirle
que estoy enamorado de su hija.
piiip









