sábado, 27 de septiembre de 2008

NUMERO DOS, DOS, DEL FANZINE "LA REVELACIÓN DEL RELAMPAGO"

ESTE ES EL NÚMERO DOS DEL FANZINE QUE ANTES SE LLAMABA "GUACALA" PERO QUE HA CRECIDO Y AQUELLAS DULCES POLUCIONES DE SALVAGISMO Y DESMADRE YA NO LE IBAN TAN BIEN, AQUI SE LOS DEJO, MANDENSE UNOS POEMAS PARA INCLUIRLOS.






domingo, 7 de septiembre de 2008




PRETENDIDA LIVIANDAD DE LOS PASEANTES


I

Como quisiera que los irascibles brotes de yerba
lento dieran el paso mítico del ruido al concreto:
ablandaré con halagos la calma.

Como quisiera una tromba de malos deseos
Que sacudiesen molestas pulgas de amor:
Fingiré cariño a bobas meretrices

Como quisiera plantarme en funesta urbe
Para festejar las trampas del oleaje:
Diré a los gobernantes que se arrojen al mar.



La yerva en la banqueta
con el amor pagado
es la liviandad del ciudadano.




II

El llanto dulce,
esa urdimbre involuntaria,
hechizo de la especie.

Di con sus lágrimas riego de invierno
¿sólo cosas,
no hay pues
encantamiento místico?

volvió a llorar
llegó el silencio.




III
En combates negados dimos gloria
a luchas con defensas vencidas,
hay que aclarar
que nadie corregir quiere
el embuste de quien nos enfrenta;


date un chance para agarrar el viaje,
no me digas que estas tranzas son todo lo que tienes,
apostarle a tu veneno en corto me niego,



ya le caigo,


que esté chida la raza.



martes, 12 de agosto de 2008

UNA HISTORIA EN LA PLAYA:

EL CISNE NEGRO

Me había invitado mi hija a pasar unos meses con ella y la familia del esposo al pueblo costero de donde era originario y en donde habitaba con sus padres, que igual a mí, eran ancianos; mi hija y los tres niños que el vientre de mi primogénita parió, uno tras otro, hasta ajustar las edades en diferencia de un año.
Aunque me aburría igual que en la ciudad, pensaba como allá era más sencillo despejar el tedio, buscando borrachera o haciendo visita a mujeres de precio justo: cien por una chupada, necesario e higiénico. Jamás dudé de que si quería divertirme tenía la posibilidad de hacerlo igual que en la ciudad, sólo que sin esa sensación de moverse por senderos conocidos con los que las ciudades seden después que la juventud se esfuma y se ha domado la sorpresa y la curiosidad, hasta que las novedades sólo se presentan como repetidas formas que hemos visto fracasar.
La familia del esposo de mi hija no me cae bien, excepto la pequeña Misaela que entonces tenia cinco años en el cuerpo pero milenios en su tierna mollera. Resolvía situaciones complicadas en segundos, con acciones ingeniosas que sorprenderían a cualquier catedrático de formulario. Por ejemplo, la vieja a menudo cocinaba recetas que aprendía de los chefs de la televisión, a veces era tan estupida que al pretender freír una costilla de cerdo y no tener una, freía una calabaza, hacía como si fuese carne; Miasaela intervenía, tocaba el vestido de su abuela y le decía, casi como la gerente de un restaurante: no entiendes que no se cocina así la calabaza, hazla pedazos y fríelos con camarón. Seguro se pensará en mi ejemplo como uno burdo y sin fundamentos, pues dirán que los niños son siempre así de temerarios e ingeniosos, pero considerando los cientos de veces que me salvó de infecciones estomacales y más aun de engullir platillos que no eran experimentos de la loca de mi consuegra. Una virtuosa de la gastronomía.
Me gustaba jugar con mi nieta a colorear sus libros de princesas y hadas, salir al litoral para sobar mis tobillos con la espuma; a ella le daba risa ver a los Martín Pescador correr apurados tras el rastro de la marea. Era mi cariño hacia la niña aceptado y devuelto, eso me convenció de seguir un día tras otro en el pueblo. Encontraba, como me parece natural, un reflejo de mi hija en su hija, esto me inquietó la primera vez que las encontré juntas al bajarme del autobús, me sentí desesperado de verlas tan similares que no conseguía detenerme de escrutar su rostro con curiosidad. Los otros dos niños son unos mediocres, mal abuelo que soy al señalarlos bajo ese sino, pero siempre me han parecido bobos y toscos como toda la familia del padre.
Mi hija se ofreció para ayudar en mi rehabilitación, fingida por supuesto, del alcohol y las pastillas, decía que el mar lo curaba todo, la pobre no hacía sino repetir la carnada fácil de los hoteleros. Pero en algo aciertan, el mar me calmaba, lo hizo siempre, me sentía en un rito de pleitesía divina cuando me sentaba en la arena a mirar las luces y las aves; acepté emocionado, con idea de estar tranquilo por un rato largo, aunque ya me incomodaba la idea de tener que soportar al yerno, un ingenuo afortunado al que mi hija otorgó, con seguridad hechizada, los favores gustosos que proporcionan los labios vaginales.
Llamé a mi ex esposa para decirle que estaría afuera sólo un mes, que me dejara el dinero de la pensión sólo un mes, para sobrevivir un poquito mejor, le dije. Estoy seguro de que se molestó, enseguida fue a buscar al abogado culero que no ha hecho sino fastidiarme. Pero estuve contento en el camino a la central camionera, contento cuando compré el boleto y contento cuando arrancó la maquina, contento desde mi ciudad en el desierto, contento con el calor de la playa, contento con Misaela y mi hija. Contento, pero sólo unos cuantos días.
Me llevé una ristra de Alphrazolam y tres arponazos de Buprenorfina, pero fui un imbécil, debí llevar más para no consumir la terrible cocaína que vendían los pendejos de la zona. Era audaz a la hora de arreglarme, decía a mi hija que saldría a caminar un rato con Misaela, y así era, le compraba un helado grande, el más grande que tuvieran en la tienda, le decía que buscara conchitas en la arena, me gustaba visitar a un pescador vicioso que vivía en una playa tranquila, sucia y solitaria, tenía un jacal de palma, había sillas y hamacas, era agradable para él que le compartiera de mis drogas y el de de su licor de frutas y su hierba casera. Pasábamos mucho tiempo en ese lugar, hasta que nos pescaba mi yerno o mi consuegro y se llevaban a la niña, no sin decirme tantos insultos como a un demonio dominado.
Misaela tenía una tortuga de mascota, era enorme, sesenta de ancho, no era una tortuga común, había viajado y había crecido en el curso de once años, estaba vieja, pero era simpática.
Mis consuegros salían todos los viernes quien sabe a dónde, decían que visitaban a sus parientes tres kilómetros más allá del puerto, pero jamás les creí; volvían entrada la madrugada, en los hombros cargaban costales de semillas, manteles, que por estar enrollados, no sabía que adornos los vestían, además santos y estatuillas de barro negro en los que resaltaban los rasgos negroides. Pensé que eran santeros, siempre que salían, el sábado en la mañana antes de levantarme, los escuchaba pasar frente a la habitación donde me alojaban, ya despierto y al salir del cuarto me embargaba el aroma de guisos que los ancianos ya tenían preparados. Ya sabía yo un poquito de eso, hubo un director en la escuela donde enseñé, un cubano que trabó amistad conmigo desde que me declaré fanático de los boleros; el tipo me invitaba a beber y escuchar boleros en un giro negro que administraba después del trabajo formal. Me contó que su madre practicaba la santería, que la gente se escandalizaba con eso y que y que y que… muchas cosas.
El último viernes que dormí en esa playa, Misaela me pidió que camináramos y que hiciéramos visita a mi amigo el pescador, pues tenía un muchachillo de la misma edad con el que se hallaba para los juegos. Pero la mamá de la niña me había prohibido llevarla a ese lugar, tenía miedo y no era un desperdicio, la fatalidad lo realizó. Le dije que no podíamos salir en ese momento, pero me insistía con encono, yo estaba echado en la hamaca, saboreando aun la comida, tenía calor y sudaba, le dije que iríamos sólo un momento.
El pescador se había tomado litro y medio de licor de frutas y fumado muchos churros cuando llegamos, me dijo que estaba contento por que la mujer había heredado unas parcelas de plátano y que tenía que ir al entierro de su padre. Se acercó a mi hombro y dijo jocoso: volverá hasta el amanecer, ya vienen mis amigas del congal. Solté una sonrisa nerviosa, ya me esperaba algo malo. La esposa del pescador dejó al niño, Misaela y él se acercaron a un bote y se quedaron ahí, jugando.
Terminado el primer vaso de vino aparecieron en la puerta las tres putas que había invitado mi anfitrión, llevaban minifaldas, estaban descalzas, una se sentó en mis piernas, como era gruesa me exitó de inmediato, metí la mano en su vagína velluda, el pescador le mamaba las tetas a la otra, la tercera se emborrachaba con las piernas abiertas sobre la mesa.
¿De quién es esa niña?, preguntó la que bebía, lancé mujer que estaba en mis piernas lejos de ahí, Misaela estaba vomitando en la puerta, se le resbaló de la mano la botella de licor y se estrelló contra el suelo, la pequeña bebió un trago sustancioso. Me levanté de la silla, desesperado fui a levantarla, sin saber que hacer me quedé ahí, mirando como ponía todas las defensas de su cuerpo para resistir el ataque de esa sustancia que le era nueva y repulsiva. Luego de unos minutos de vomitar, las putas y el pescador continuaban en lo suyo, llevé a la niña a la recamara de mi amigo y la recosté en la cama, me decía que le ardía la boca y aquí, señalaba su vientre.
Estaba nervioso, algo molesto, no podía mirar a la puta que me había entretenido, ya no me encontraba exitado. El pescador también se había despegado ya de las mujeres, estaba en el suelo, frente a la botella rota, se levantó, con esfuerzos me dijo que Misaela no había tomado el vino, él lo tuvo siempre bajo sus piernas, lo que mi nieta había tomado era una cosa muy peligrosa. Las putas estaban molestas porque no les prestábamos atención, pero cuando el pescador les pidió que se fueran porque estábamos en problemas, las nobles acariciadoras se ofrecieron para ayudaros. Vamos al hospital, sugerí. Pero la medicina de los hospitales era inútil, me dijeron que aquel liquido era el brebaje brujo que la esposa curandera del pescador preparaba para matar demonios enemigos. Me molesté más luego de escucharlos, entré en la recamara pero al intentar sacar de ahí a mi nieta fue imposible, en la cama sólo estaba un cisne gigante y negro, lanzaba graznidos y chillidos que aturdían. Las prostitutas y el pescador me sacaron a la fuerza del lugar diciéndome que no debía tocar al pajarraco, que era un espíritu maligno que había entrado en la niña y la había transformado, quizá por su inocencia, en un cisne, pero negro y horripilante por el imperio de fuerzas malditas. Lloré por mi irresponsabilidad hasta que noté que a unos pocos metros se acercaba mi hija, su esposo y los dos viejos, me levanté del suelo en donde había estado chillando, los encaré, pero con vergüenza. Preguntaban por Misaela. Estaba a punto de contarles todo, me rodearon, exigían una respuesta sin más embrollos, pero ya no pude sino alzar la mano, apuntando al cielo: ahí va la niña. Mi yerno, inyectado en ira se abalanzó a mí, de un puñetazo me derribó, en el suelo siguió encajando sus zapatos de gala en mis costillas. El pescador lo separó e intentaba calmarnos a todos. La esposa no llegaría sino hasta dentro de un rato, debíamos buscarla para que revirtiera el efecto, los ancianos, que no tuvieron de otra más que descararse y sacar ahí mismo de una bolsa de mandado tres estatuillas, prendieron aromas y nos corrieron como a una manada de perros olisqueros. Me retiré a un lugar apartado de todos, sobre una roca dejé caer mis nalgas, en el cielo, el monstruo giraba.
Un temblor bajo la arena sacudió mi cuerpo, el ave había caído en picada, al momento de estrellarse desapareció. Las putas, que no se habían movido para nada en más de dos horas, corrieron para atender a Misaela, que había emergido de la entrañas del espectro montada en la vieja tortuga, con su cuerpo desnudo, sonreía sin hacer caso a la congoja evidente de los que la rodeaban.
Me ignoraron desde entonces y preferí largarme. En la noche, después de fingir que estaba aun apenado me puse a lavar los trastes, a hacer como que limpiaba por ahí. Luego aproveché que se habían acostado, le eche un lazo a la tortuga gigante, la metí en un saco de lona y, con un poco más de buena suerte que por fortuna me invadió ese día, conseguí sacarle al viejo, de su pantalón, las llaves de la cascada camioneta, me monté en ella y la encendí. Escuché los gritos, incluso pude ver que me lanzaban rocas enormes consiguiendo sólo más abolladuras para su auto.
En una playa lo suficiente lejos del peligro, bajé a un restaurante, vendí la tortuga en quinientos pesos despues abandoné la camioneta en un camino que se internaba en la jungla, ahí se detenía un autobús hasta la próxima central.
En la ciudad me gustaría tener una Misaela, sólo para llevarla a pasear.

sábado, 2 de agosto de 2008

¡VIVA, VIVA, VIVA EL MAMMMBOOOOO!

MÚSICA MAS ENLOQUECIDA, MOVIDA, CONTAGIANTE, SABROSA; AY MÁS ES LA MUSICA DEL DIABLO, QUÉ HEAVY METAL NI QUE LA CHINGADA, EL MAMBO SEÑORES, EL MAMBO SABROSOTE DEL ARRABAL, EL DESCARADO TROMPETEO DE LA PASIÓN DELINCUENTE, LA BANDA SONORA QUE EL ASECINO SERIAL DE SU ELECCIÓN GUSTA DE ESCUCHAR MIENTRAS DESTAZA UNA SEÑORITA DE CABARET. ESA MÚSICA VIBRANTE, QUE EN DECADAS PASADAS ENAJENÓ A LOS QUE AHORA SON ABUELOS Y QUE LO MISMO PUSO A BAILAR LAS CADEROTAS DE LAS VEDETES QUE LOS CULILLOS PARCOS DE DAMISELAS BRILLOSAS DE CONGAL. Y EL REY DE TAN MAGNIFICO SONIDO: TARAN, TARAN: EL SEÑOR DAMASO PEREZ PRADO, DON FOCA, EL VATO CUBANO QUE SE LA RIFO AQUI Y ALLÁ ECHANDO DESMADRE CON SUS COMPOSICONES TROPICALESTES: Y GRITABA MAMMMBO AHG!, Y LUEGO EN OTRA ROLA: GATEANDO... MIAU, GATEANDO MIAU... ENSEGUIDA LA ORQUESTA, TA TA TA TATATATATA, QUE PRENDIDEZ CARNALES, QUE PRENDIDEZ. SI QUIEREN ALEGRARSE, PONGAN A PEREZ PRADO, SI QUIEREN COGER COMO POSEIDOS PONGAN A PEREZ PRADO, SI QUIEREN ESTALLAR EN EL BAILE BAILENSE LAS ROLAS DE PEREZ PRADO, EN FIN.. CHEQUENSE ESTO DEL MAESTRAZO.





OTROS VERSOS

AQUI LES DEJO ESTOS POEMAS, VAN CON DEDICATORIA PARA LOLITA JAQUEZ QUE ULTIMAMENTE HA ESCRITO POEMAS VERDADEROS CON TRES O CUATRO PALABRAS, SALUD Y SALUDOS PARA TOCHA LA BANDA.

ANOTACIONES DE UN CIUDADANO ACERCA DE ESTO Y AQUELLO

I
En la libreta de anotaciones se recogen
las partículas que hacen de los días la vida
y de la vida la carnívora demarcación del tiempo.

Rasgaduras, vueltas de hoja, el quejido;
no tengo más reclamos para este ajeno antifaz.

De repente escribo, o lo suelto nomás,
o me equivoco y justifico
con paso falso de vals de tinta
la costumbre cómica
de entregarle a los queridos el no que esperan
y el sí sobre el que se cierne mi cáscara:
este armazón de terrícola,
medio burlón frente a los reflejos
y tenue como la espera de lo que no duele.

Aquí los tengo,
al entrañable hombre pájaro
que una tarde trinó para mis ansias
melodía más olorosa que las nubes
cuando caen y alguien ralla
dentro de su piel el nombre
de alguien a quien amó;
aquí con sus paramos cavernosos
de piel y quejidos y esa espontánea,
imprecisa dominación de ingles separadas.
Colección de rechinidos,
retrueques, aspavientos,
floración de arrugas,
festín del error.

Los signos a navaja de los años grabados,
presentida ausencia de lo incorrecto:
anotaciones de un ciudadano equis
sobre esto y aquello.

II
Sin exigencia se cae,
complacer es de quienes
pretenden domesticar humanidad
y prodigan fantasías,
desdenes viscerales.

Le pidieron que explicara:
caí sin esperarlo.

Me sentí desenvainado de la carne
al cortar con el cuerpo el viento,
rodé por las nubes,
el cielo no fue principio
ni salida de emergencia.

De allá recuerdo: sonrisas de una loba
que me ató a su sexo,
aguardiente de todas las noches
para socavar la ruina que el éxito
cosechó en mi vida y la risa,
la carcajada que explota desde la laringe,
enferma que da vueltas
buscando devolver pasión
al demolido calendario,
a la arritmia de alegría.

Arriba y abajo no es ecuación para preocuparnos,
aun en sus algoritmos más terribles
las maquinas conservan
lo ridículo de los humanos,
da un temblor en los huesos
cuando alguno que se excita decae
en rosas de aliento magro
para mujeres lubricas,
que en jugos de sufrido deleite
juegan a llorar por sus amantes,
sus amantes pasados quiero decir.









CORTE DE LOS NECIOS

Paladar de agrio cigarrero
demanda a paladar de agrio burócrata.

Dice paladar de agrio cigarrero:
mi decisión, sin esperanza en el monosílabo,
es atravesar de a poco y con dolor gustoso
esta trampa de números;
o eso,
o su deseo.

Paladar de agrio burócrata:
hablamos de lo mismo,
pero en arrojo no nivelamos,
usted está donde
me quedé esta mañana.

¿En dónde?

En la sospecha.




EL MAR, EL MAR


Una rata de ciudad al mar por casualidad se asoma,


conchas de luz diluidas en la espuma.


La tarde permitió al sol trabajos

de temperatura menor.





fracasó carcajeante

en playas que no conocían la calma.




COQUETEOS DE UNA MUJER GRUESA

Si la mano de esta gorda se metiera entre mis huevos,
si la mano de esta gorda no quitara de sus tetas mis labios,
si la mano de esta gorda abriera de su palabrería un verbo útil,
si la mano de esta gorda dejase en paz mi cabello y mis dedos,
si la mano de esta gorda dejara al fin descansar mi falsedad,
diría que amo sus labios de grasa, su franqueza de borracha,
incluso la simple hombría con que cínica me coquetea.

lunes, 14 de julio de 2008

DOS POEMAS VACIONEROS

DOS POEMAS QUE ESCRIBÍ MIENTRAS LA SEMANA ESCURRIA SU AGUITA TURBIA EN TODO EL PAIS Y EL PERIODO DE VACIONES SE CAE POCO A POCO, A VER QUE LES PARECEN. AH E ILUSTRADOS CON FOTOS DE LA APETITOSA TAWNE STONE.





MECIDOS SOBRE UNA ROCA, ME PREGUNTA
Tendida en la roca me pregunta cuántas veces rozando su lengua
al cielo estiré la mano, cuántas de esas veces lo hice con los ojos cerrados
como para no ver que se escapaban de la tarde alegres serpientes.
De esas veces cuantas veces consideré a la estirpe de los mentirosos
esenciales para ver y no ver a las hormigas morder su espalda.
Deleitado pretexto en destiempo que la rotación de su cuerpo
esquivó siempre febril el disgusto de la marihuana húmeda.
Y es qué, ¿qué trascendencia tiene el mareo cuando la mano
se atreve y son aves nada más, aves de papel mache que
se deshacen en las manos cuando tan cerca su aliento
dio a mi Eneas y mi Quetzal anodino bienestar de delincuentes?
Besamos lo besable a las cuántas y tantas veces de estirar el ápice
y sentimos que bendecida por la claridad de nuestro deseo
la roca nos mecía torpe, dictado el esfuerzo mítico del baile.
A esa hora en que es granjeado y adolorido el infinito
ofrecí a ella ramos despeinados de mi abofeteada alma.



CANTICO DEL ANUNCIO ESPECTACULAR
Meneaba el ápice del viento
trémulas sibilas lúbricas,
concupiscente temblor de espanto,
como nunca se agitaron esas, las acuáticas
mujeres del cartel en la carretera.
Cómo temblaron la noche toda,
y los autos fueron una capsula certera,
que enajenado con los ojos de la loba
detiene su éxtasis motórico,
avisado de la chocante delicia
estalla en camaleón retórico,
pregunta qué falsedad alimenta la malicia,
qué temblores habrán de sacudir su paz sedicente,
porque en fuga la pasión de lo privado
traicionó con temor reciente
la venenosa asfixia del apeado.












jueves, 10 de julio de 2008

UNA VEZ EN EL NAYAR...





HACE TRES AÑOS A UN BUROCRATA LE SUGIRIERON QUE GASTARA UN POCO DE LOS RECURSOS PARA QUE ME ENVIARA, JUNTO CON OTRA PERSONA, A LA CALUROSA TEPIC EN EL ESTADO NAYARITA. ESTARIAMOS ALLÁ TRES DÍAS BAJO EL PRETEXTO DE PARTICIPAR EN LAS SECIONES Y LECTURAS DEL FESTIVAL AMADO NERVO QUE ORGANIZAN PERSONAS DEL LUGAR EN OBVIO HOMENAJE AL QUE FUERA EL MODERNO DE LOS MODERNOS... BUENO, EL ASUNTO ES QUE FUÍMOS AL ENCUENTRO Y COMO SIEMPRE, ALCOHOL Y SUSTANCIAS Y PEDANTERIA CON GAFAS Y UN PAR DE BUENOS AMIGOS. EN UNA DE ESTAS NOCHES BORRACHAS Y EN UNO DE ESOS DÍAS LARGOS DE ESCUCHAR, COMO DIRIA WHITMAN, A LOS DOCTOS ASTRONOMOS, CONOCI A UN POETA PODEROSO, SI ES QUE EN POESÍA ESTA PALABRA NO REVIERTE SU VENENO, QUE LUEGO DE TERMINAR CON INCONTABLES CUBAS, Y UNA VEZ QUE LOS COLEGAS HABIAN ESCURRIDO TODA SU METAFISICA ABSURDA DE PALABRA HUECA, EL POETA Y YO SALIMOS DEL HOTEL PARA BUSCAR UN PUTERO, BUENO YO QUERÍA UN CUERPO DE MUJER TROPICAL PARA MI ALMA ESA NOCHE, ÉL QUERÍA EMBRIAGARSE MÁS. ANDUVIMOS LAS CALLES VACIAS, CONFIADOS, AFIANZADOS A LA PLATICA PERMITIMOS A LOS PIES ANDAR SIN LA NATURAL TRABA DE LOS AJENOS. LLEGAMOS PUES A UN TUGURIO, MUY OSCURO, APENAS VEÍAMOS AQUELLAS LUCES DE LA ROCOLA ESCUPIR NORTEÑAS Y ROMANTICAS. BEBIDMOS Y BEBIMOS HASTA QUE LLEGARON LOS POLICIAS Y ESTO SE ACABO SEÑORES. SEGUIMOS POR OTRO BULE Y OTRO MÁS HASTA QUE LA BORRACHERA NOS DEJO SECOS DE COBRE QUE NO SECOS DE ANTOJO, Y... ¿RECUERDAS EL HOTEL VERDAD?, ME PREGUNTO EL BARDO AQUEL QUE HABIA PASADO LA NOCHE Y LA MADRUGADA CANTANDO , TRINO DE AVE BORRACHA, NO¡, NO¡ ME ACUERDO DONDE ESTÁ... Y NOS DIMOS AL PAVIMENTO, COMO CIERVOS PERDIDOS, COMO BRAZAS QUE DE UN COMAL DESPEGAN. PERO LA CIUDAD ES UNA HOJA DE CUADERNO PARA ECUACIONES, ESTO ES: CAMINAMOS EN CUADROS HASTA ATINAR CON EL HOTEL. BUENO ENTRAMOS, ÉL DIJO QUE SE TENÍA QUE DORMIR PUES A LAS OCHO DE LA MAÑANA, ESTO ERA EN DOS HORAS, TENÍA QUE TOMAR UN VUELO A NO SÉ DÓNDE. UN ABRAZO Y HASTA LUEGO. LE ESCUCHE DECIR MIENTRAS SE ALEJABA: CHINGA A TU MADRE, ME REÍ Y LUEGO NO HE VUELTO A VER A ESE MAESTRO FUGAZ, ESE APARECIDO QUE SE LLAMA RICARDO YAÑEZ, Y QUE ME GUSTARIA VOLVER A ENCOTRAR PARA HABLAR Y BEBER. ASI QUE UN ABRAZO PARA EL MAESE Y AQUI UNOS POEMAS DE ÉL QUE ENCONTRÉ.




NI LO QUE DIGO
El amor es esa estrella filosa
y el desamor quién sabe qué carajos
pero yo no soy yo
ni este aire mi aire
Es un tambor el miedo
y la paz un tejido frecuentado
pero en mi corazón hay un cangrejo
y alguien está torciendo mi pescuezo
¿Qué es el atole blanco?
¿Qué los cigarrillos faros?
Pero a quién le interesan esas cosas
cuando uno se muere de sí mismo.
...
¿Qué son los huevos fritos, por ejemplo?
¿Qué son los buenos días?
Los vecinos arrían la bandera
de la felicidad, pero quién se los festeja?
quién se los critica?
Sólo los que se aman los comprenden.
...
Se está tirando el bóiler. Hay que apagarle.
Se encordó este reloj. Hay que arreglarlo.
Hizo frío por la noche.
No lo olvides.
...
A veces es una araña la palabra amar
una araña en las vigas de la casa
y uno es la mosca la tonta mosca
A veces el amor es una aspirina
vieja olvidada en el botiquín
y uno no el dolor de cabeza sino el aburrimiento
A veces el amor es una botella de tequila
escondida en el fondo del ropero
y uno la mano oscura y el trago rápido.
...
Si me emborracho pienso en ti.
Si me viene el amor a las palabras, a los ojos, al llanto
a los cigarrro alas, al tequila sauza,
¿en quién voy a pensar?
Hay un Ricardo Yáñez que me pega, que todo el día me pega,
y hay un Ricardo Yáñez que te ama. Ese es el bueno.

POEMA DEL LUNES
Ricardo Yáñez
Lunes era y dolía,
como nube dolía, como puerta.
Era lunes y había
una ternura muerta.
Pasaban por las calles los viadantes,
como de sentimientos traficantes.
Iba arriba la luna, muy arriba,
muy en su desnudez Lady Godiva.
Era lunes -acaso medio martes
pero lunes aún -en todas partes.
Lunes fue y no dolía:
fantasía.
Era un lunes feroz pero discreto,
lunes de un amoroso Capuleto.
Era un lunes sin marca, sin esgrima.
Era un lunes cabal, lunes-lastima.
Iba mi voz en do, doliente rota
bajo la luna lunes, todavía.
Era lunes. Dolía.

POEMA
Qué es cantar
sino saberse vivos para siempre
qué reírse
sino florecer desaliñadamente
igual que en los llanos
la manzanilla
la coronilla
el girasol
En fin qué es estar vivos
sino cantar reunidamente
abriendo y cerrando la estrella
de la certidumbre.