lunes, 15 de marzo de 2010

¡QUE SE METAN SU FESTIVAL CULTURAL POR EL CULO!

Como padesco la gota estos últimos días me la he pasado encerrado leyendo los diarios electronicos y los otros, los de tinta y papel, no veo sino desgracia, muertos, balaceras, secuestros. Todas los canales que transmiten noticias hablan lo mismo, en la radio: lo mismo, en las charlas ocaciones: lo mismo, hasta se ha vuelto tema de sobremesa, que ya mataron a tantos acá, y que los pinches narcos hicieron tal o cual, y que el Obama se hace el encabronado para inmiscuirse cinicamente en México y darle cuerda a su plan Merida. Y luego los pendejos estos del congreso que se mientan la madre y luego se dan besitos de reconciliación, y que las bodas maricas y los sacerdotes pervertidos. Total la mierda fresca puesta a la mesa de todos nosotros, cada quien agarre su pedazo, hay madrizas al por mayor.
y por si fuera poco se acerca el Festival cultural de Zacatecas ese Siempre en domingo de cada año en el que les ha dado a los gobernantes locales por invitar a sus estrellas favoritas, casi siempre venerables ancianos que brillaron como reventados en su mocedad. Estas pinches divas no tienen nada que hacer aqui, que se larguen con sus ridiculas peticiones.
A la ciudad de zacatecas los poderosos la tratan como decia mi abuela "peor que a sus nalgas" le hacen puentes inservibles y plazas horrorosas, y luego se dan el lujo de proyectar unas imagenes muy pinches sobre el ex templo de San Agustin disque con alta tecnologia, cuestan millones de pesos, pero millones en serio y la vida se vuelve cada vez mas densa e insoportable para los zacatecanos. Ah pero ya viene el puto de Alejandro Saenz y el cursi Roberto Carlos a cantarnos "gratis", (porque recuerden que el Placido domingo cobro mas de 34 milloncejos) que decir del cigarreado y rey del cliche Joaquin Sabina y para que se vea que esto es medio culturoso un Chick Corea y una diana Krall, como para que Corichi se sienta en New Orleans. Han tomado de pretexto las vacaiones de semana santa y el festival cultural para perpetuar uno de los ataques populistas más dañinos, el conocido "pan y circo" pues que lindura somos los zacatecos aplaudiendo muy conmovidos a todas las estrellitas de medio pelo con las que nos venden la idea de que somos una ciudad de artistas, todos sabemos muy bien quienes son los artistas oficiales, quienes se llevan las becas, quienes exponen, conocemos su discurso avejentado, carente de un sentido de reflexion y expresion profundas. Y los bobos que dicen organiar un festival contracultultural, ¡que estupides hablar de contracultura desde la cultura mas oficial y lamebotas!
Por favor reflexionen acerca de este festival, es un sabotaje, es un show histerico y neurotico, ojala pudiera hacer algo para evitar que asistieran. Por favor amigos no me busquen, ni me llamen en esos dias, porque estare escondido, lo mas alejado posible de esta miseria, de esta porqueria. Seguramente revolcandome en mi propia miseria: dolores, depresion y ansiedad.

domingo, 14 de febrero de 2010

OTRA HISTORIA


UNA FIESTA DE CURRITOS


Antes de que se pusiera de la chingada el ambiente nacional con sus alharacas de metralla y cacarera por micrófono, antes de que el tiempo cumpliera otro jornal de trabajo y más viejo me hiciera; aún antes del total empacho de urbanidad que le dio a mi pueblo, cuando de verdad éramos rancho y no había folclor sino vida, que bullía, que huía, que iba; cuando, sí a las edades jugamos, teníamos al demonio progreso como el niño empieza a tener pelo, yo tenía quince años y la ciudad 450. Los bardos le habían cantado, los militares le habían adosado leyendas de guerra y heroísmo, los mineros le habían dado un nombre y un sitio en el mapa, yo era tan feliz en sus calles sin pinches turistas, libre de autos, libre de la vanidad con la que años después la vistieran como a una de esas putas jodidas por viejas y solas.
Cursaba el cuarto semestre en la preparatoria y estaba en mi primera sesión de AA. Desde niño cuando mis tíos, todos taxistas, me llevaban al trabajo los observaba beber durante el día, entre viaje y viaje se acababan botellas de mezcal y siempre estaban rozagantes, fuertes, jamás los vi caerse, ni guacarear ni hacer escándalo. Con la ingenuidad de un escuincle comencé a beber del alcohol de mis parientes, primero a escondidas y ya después a lo descarado, pero yo nunca he tenido su resistencia y ellos más de una vez me han visto caer, guacarear y hacer escándalo. En la prepa ya no visitaba mucho a mis tíos pero bebía según el ejemplo de mi niñez agazapado en el asiento trasero de los taxis: tragos largos y espaciados como un buenos tardes en una tarde que de verdad es buena.
Los chavos de la prepa también eran borrachos, cada mañana tenían nuevas historias de la noche anterior en las que lo mismo libraban epopeyas románticas sazonadas en charanda, que atrevimientos criminales embrutecidos por el Sureño, nombre del conjuro de maguey de olla que aún en tiempo corriente es el embriagador más poderoso y por el que no menos de unas cuantas monedas, de las que brincan tímidas al fondo del bolsillo, son sacrificadas a tan furibunda divinidad.
A mi me fascinaba estar borracho, el mareo vuelta la cara al cielo, son las nubes en el cuerpo, risa de todo con amor agigantado, la canción apañada del grito, acusemos a la suavidad del ambiente, un esplendido sillón para bailar hundido, muchacho raro del relato me ponía hasta la madre, arrinconado, solo, si era posible hacerse un huequito entre tanta hormona.
Disfruto sobre todo cuando estoy bien almibarado, borracho como una rocola. Mis fiestas de bachiller no fueron menos que aquello, en las esquinas de habitaciones que eran planetas donde bestias malcriadas escupían a la vida su maldición de carne indómita, su risa bonita de muchachas que habían nacido marcadas por la historia, dígaseme que no, dígaseme que sí, yo las oí gemir escondido en las terrazas. Ya se me daban además las mañas y arañaba lo posible cuando de dulces se trataba, entiéndase droguitas que olía, metía, fumaba.
El otro día me encontré a un compa de la prepa, de aquellos años que me dieron piedrecillas en el riñón, terapias, preguntas huérfanas de respuestas y la Gota, enfermedad de conocido abolengo monarcal pero que arde de la chingada, el pie se infla como una vejiga, se tiene la sensación de que puede explotar en cualquier momento. Además los músculos de la espalda me arden; de los veintidós años en adelante tuve que dejar el alcohol para enamorarme de la cerveza.
El cabrón que me encontré trabaja en el gobierno, es secretario en la secretaría de no se qué putos, fuimos juntos a las sesiones de alcohólicos en la secundaria, su papá pasaba todo el año en Estados Unidos, de empleado en un cantina de millonarios como sacudidor de vergas. Cuando algún ricardo salía del sanitario, el señor, con un artefacto parecido a unas pincillas para barbacoa, le sujetaba el miembro y lo sacudía, guardando después dentro del calzón el preciado apéndice. Ismael se llama el secretario de la secretaría; me invitó a una reunión de ex alcohólicos en el Hotel Caravanchel, un edificio con más recuerdos que piedras. Pero aún soy alcohólico, le dije, no importa, nosotros también, contestó mientras arrancaba el auto convertible que lo había llevado por unas piezas de pan en la repostería de mi única amiga, Diana Dianilla, parca y triste, pero amable y simple, lo suficiente para algunos besos. Betún de chocolate.
Ella se hizo mi amante cuando puso un anuncio desesperado en el chat, yo entraba regularmente en esos días porque estaba encerrado mi casa tratando de rehabilitarme. Había escrito al azar, entre algunos contactos que tenia agregados sin saber por qué, que necesitaba que se la cogieran, con urgencia, con fuerza y de ser posible con un cirio pascual de los de primera comunión. Por el culo, por la panocha, por las orejas, cerraba atrevido el párrafo lujurioso.
Contesté a sus peticiones y resultó que vivíamos en el mismo lugar. La misma noche que escribí mi respuesta nos encontramos en la puerta de una tienda departamental. El guardia era mi amigo y conseguí que me permitiera robar una botella de vino blanco. Esperaba que se pareciera más a la fotografía de la ventana de conversación, una mejer menudita de piel blanca y cabello negro, aunque el parecido era escaso me resultó más bonita de lo que había sido cualquiera de mis amigas anteriores, casi todas ellas oficiantes del placer sexual.
Diana Dianilla me confesó llorando que la vida la había creado inadecuada para el sexo acostumbrado, no podía ser penetrada pues su vagina apenas era una hendidura por donde salía la orina, parecía una rajada hecha con navaja, de unos dos o tres centímetros apenas. Ella deseaba encontrar un compañero que estuviese dispuesto a olvidarse de la penetración, ni siquiera por el culo, pues por ahí, decía ella no me gusta para nada, es doloroso y nunca he sentido nada bueno. El anuncio es una mentira, no quiero ser cogida, más bien ando buscando un amigo, recalcó sonrosada.
Animado por sus confesiones hice las mías. Le conté sobre la impotencia sexual prematura que padezco, sólo tengo erecciones cuando estoy solo, no puedo sostenerlas, por ello no ando como el resto, tras las mujeres. Es un verdadero dolor cuando las decepcionas, hay llanto y reclamos. Estaré feliz de tenerte como compañera, le dije mientras terminábamos el vino que había robado y ella sacaba de su refrigerador un bidón de cuatro litros de tinto. Pasamos la noche desnudos, nos lamimos y frotamos pero dejamos de hacerlo rendidos por el sueño que al final ganó la contienda y caímos a su peso bajo la noche.
Era mediodía y la fiesta se acercaba, Dianilla y yo nos preparamos desde temprano, comimos cada quien dos tabletas de rivotril y comenzamos a beber, primero unas cervezas, luego algo de vino, jamás tomamos tequila, ni ron, porque de hacerlo mis músculos se anudarían, me sentiría sofocado y enfermo al menos durante una semana. Nos fuimos en autobús hasta el centro, cerca del hotel en donde ofrecerían la fiesta encontramos un cachorrito que intentaba protegerse del viento bajo un bote de basura, Dianilla lo levantó y la criatura nos veía con su inconfundible y melancólica mirada animal. Ella se quitó del cabello una cintilla violeta y se la puso en el cuello al perrito. Los tres entramos al hotel y llegamos al salón.
Encontré a mi anfitrión mientras servía las primeras copas a una pareja de ancianos, nos saludamos efusivos y le presenté a mi compañera. Nos sentamos alrededor de una mesa ovalada en la que ya estaban instaladas otras dos parejas. Las mujeres eran atractivas, con ropas que se veían lujosas y los tipos parecían la clásica caricatura de un galán esforzado todo el tiempo en parecer protector pero amistoso. Dianilla les contó que aquel perrito era de una raza persa bastante desconocida en nuestro país, que su pelaje revuelto y de colores distintos era muy socorrido por coleccionistas de mascotas, parece un perro callejero, pero vale más que cualquier caballo pura sangre. Uno de los galanes se había tragado el cuento y preguntaba cómo podía conseguir uno. Yo sólo escuchaba la conversación, no había encontrado nada divertido en ese lugar. Algunas personas comenzaron a sacudir el cuerpo, la música no estaba mal pero siempre he detestado los altos decibeles, me levanté para ir al baño a ver si encontraba a alguien jalando cocaína y que me compartiera.
Estaba soñoliento por efecto de las pastas, me senté en el escusado con las manos sobre las rodillas, olvidé cerrar la puerta y cuando entró el anfitrión me descubrió ahí, como una estatua de yeso saturnina, llena de tristeza y ensueño. Ven, ven que ya comenzó la función, me dijo mientras me jalaba del brazo hasta el centro del salón. Todos estaban ahogados en alcohol y hasta habían incendiado los letreros que decían: AA nuevos amaneceres para la vida.
Son tan extraños los borrachos millonarios, le dije a Dianilla muy cerca de su oído. Los borrachos pobres hubiésemos sido más ruidosos, me contestó.
En el centro de la sala a donde fui arrastrado, un círculo numeroso de personas rodeaba a una pareja de adolecentes, eran dos muchachos flacuchos de piel blanca que estaban desnudos y se tocaban. Un anciano que parecía el jefe de aquella tribu les gritaba que se dejaran de pendejadas, ¡métansela ya!, gritaba el viejo furibundo. Los muchachos se besaban y se mamaban la verga, uno se puso empinado y el otro lo penetró, el público estaba extasiado lanzando aleluyas y vivas. Dianilla me dijo que nos fuéramos, que aquello se había puesto demasiado feo, pero le pedí que aguantáramos un poco más, sólo por la curiosidad de lo que vendría.
Cuando los dos muchachos se chorrearon, el viejo corrió a pegarse de sus penes como grifos de almíbar, la esposa, una anciana que andaba encorvada también se acercó, pero para obligarlos a que le chuparan el ojete del culo. El grupo de espectadores se desintegró porque volvieron todos a sus mesas a degustar los platillos que ya les estaban sirviendo quince o veinte meseros desnudos que, se notaba fácilmente, eran niños secuestrados, pues un capataz barrigudo estaba siempre de tras de ellos.
Dianilla no soportó más y me dijo que se iría sin mí, estaba asustada, se aferraba al cachorro como si éste pudiese hacer algo para defenderla. Está bien, nos vamos, le dije para que se calmara, espérame afuera, voy al baño.
En el sanitario estaban los muchachos del espectáculo, aún sin ropa y riendo animadamente. Mientras orinaba escuché que esnifaban y antes de terminar con la meada les pedí que me compartieran aunque sea un piquito. Ellos me alcanzaron la bolsita de polvo y me serví sobre el lavabo dos rayas bien gruesas. Di el jalón y sentí el poder de la buena coca, de inmediato el levantón y la euforia. Les pregunté por qué estaban ahí tan cómodos mientras el resto de los muchachos servía mesas y limpiaba vomitadas. Porque nosotros no somos como ellos, a nosotros nos pagan para hacer el espectáculo, pero nada más. Mira, nosotros tenemos la vida pagada, me indicó uno de ellos mientras separaba sus nalgas para dejarme ver en el centro, un poco más arriba del culo, un tatuaje brillante que decía: propiedad del señor Tillman Walker. Azorado por lo que mostró le pregunté que significaba eso, pues que el señor Walker ese que nos gritaba allá afuera, es nuestro dueño, nos compró a nuestras madres y nos mantiene, a veces hasta nos regala de su coca y cuando nos portamos bien deja que cojamos con las niñas, a las que tiene en un edificio aparte, ¿a usted le interesa un show para alguna fiesta o reunión?, llame al señor Walker, me dijo casi como en un anuncio de televisión. Pues buena surte muchachos y gracias por las líneas, salí del baño y me encontré con Dianilla.
¿Qué estabas haciendo, por qué tardaste? Me preguntó, nada sólo conversaba con unos muchachos, le dije apresurando sus pasos y los míos. Pues yo no perdí el tiempo y le robé su bolsa a la señora que estaba en nuestra mesa¸ me contó entre risillas traviesas, ¿y cuanto traía?, le pregunté para saber si nos alcanzaba para unas cervezas, pues doscientos pesos y este papelito, le arrebaté el pedazo de papel y leí: orden del señor Walker, conseguir carne fresca para el sábado. Bueno, no se que pueda significar esto, pero vamos por unos sopes y cerveza, quizá nos alcance para algo de yerba y un hueso de ternera para… ¿cómo llamaras al cachorro? Óscarito, le llamaré Óscarito, me dijo mientras acercaba sus labios a los míos.

ÓSCAR EDGAR LÓPEZ.

lunes, 18 de enero de 2010

CLEON PETERSON
DAVID HOCKNEY

KAROL ROQUE



BRIAN DONELL


BAST




ANNIE SPRINKLE





ALEX GROSS













































TONY SHERMAN


























































































































ROBERT CRUMB

VICTOR CASTILLO

sábado, 16 de enero de 2010

EL MISMISIMO CHET BAKER:

JUSTO CUANDO UNO ESTA HASTA LA MADRE DE LA HUMANIDAD ESCUCHA UNA MARAVILLOSA CANCIÓN Y SE DECIDE A DAR OTRA CHANSA A LOS DÍAS Y DÍAS DE FUTIL E INUTIL EXISTENCIA HUMANA, EL MAESE CHET BAKER FUE UNO DE ESOS SERES PARA LOS QUE SE HIZO LA VIDA, EL RESTO TAN SÓLO VENIMOS A ESTORBAR(LES), ESCUCHEN ESTA CANCIÓN Y SI DESPUÉS AÚN QUIEREN DARSE CUELLO, PUES ADELANTE, JÁMAS SERÁN CHET BAKER:

domingo, 10 de enero de 2010

!!!AL CARAJO CON FRIDA!!!

ARTICULO DE: LUIS GONZÁLES DE ALBA.
Compré boletos para ver el estreno en español de la ópera Frida y el día de la función los regalé. Detesto a Frida Kahlo y a su tiempo. No es un odio sin motivos: estoy convencido de que la misma actitud que ha trepado a los altares a una pintora mediocre, obsesionada con su desgracia (¡Dios santo! ¿Por qué no la mató el tranvía?), es la misma que mantiene pobre a México, un país rico en recursos que no tienen ni Corea ni Singapur ni Irlanda: paradigmas de países miserables hace 30 años, que sólo producían oleadas de inmigrantes y hoy son países ricos porque han seguido el camino opuesto al de México.

Vayamos por partes: Frida con sus vestidos de tehuana es el ejemplo de la mujer incapacitada para trabajar en una fábrica, hasta, vaya, para subir en camiones y desplazarse al trabajo; como pintora es ejemplo de invención por el mercado del arte gringo. La época de Frida y Diego es la del nacionalismo barato en el que se cimentaron las políticas que nos atan, todavía, a la pobreza y los defectos que incapacitan al pueblo mexicano. Uno de los peores es su xenofobia: los extranjeros vienen siempre a robarnos, y la prueba es que nomás llegan y se vuelven ricos, dice el taxista sabio. No es su mayor capacidad de trabajo, no son sus mayores conocimientos, hasta su mayor habilidad por lo que pronto prosperan entre un pueblo ensimismado. No, es que se aprovechan de los mexicanos.

Ridículo, pero también tengo mi propia xenofobia, a la inversa: veo que, siempre, son hijos de extranjeros, como del alemán señor Kahlo, quienes nos imponen el folklor como único futuro: "Pero ¿por qué queréis despojaros de vuestras tradiciones?" Los extranjeros amantes del folklor y los intelectuales mexicanos ídem, eligen lo más vistoso de las costumbres populares, como los bordados, y no se aplican jamás todo cuanto tienen de opresivo. A los indios les recetan apego a tradiciones que son, en sí mismas, productoras de pobreza, como es la "democracia" directa, a mano alzada, con la que el cacique se eterniza; o las mayordomías que aniquilan cada año la "acumulación originaria del capital", como la llamó Marx, y la vierten en fiestas lindísimas... para la foto, pero que condenan a los habitantes a seguir sin agua corriente, sin piso de cemento en casa, sin medicina como no sea la del hechicero (maravilloso fotografiado por Gabriel Figueroa). Fotografía incomparablemente mejor una mujer que transporta un hermoso cántaro de agua al hombro que un ama de casa que abre el grifo en la cocina para lavar platos. ¿Cómo puede alguien comparar la belleza de moler en metate al burdo encendido de una licuadora? Dirían quienes prohíben comer hamburguesas en Oaxaca, pero no ven mal que los APPO (Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca) quemen un teatro.

Una gran proporción de los mexicanos se cree el cuento gobiernista de que "el petróleo es nuestro" y por eso PEMEX debe irse a Texas cuando abre una refinería con capital privado, y así da empleo a texanos; no logra entender que si el IVA pasa de 15 por ciento a 10 generalizado significa que baja, no que sube. Mexicanos encuestados se oponen a la competencia en la producción de energía, aunque disfrutan de un servicio telefónico que, con ser malo, es inmensamente superior al que nos ofrecía la burocracia cuando los teléfonos eran "nuestros". Como Frida a su silla de ruedas, siguen asidos a las muletas de la ideología escolar impuesta por los gobiernos desde 1917 porque no se han desembarazado de Frida, Diego, el muralismo y nuestro glorioso pasado... de edad de piedra.

En la escuela nos adoctrinan para asumirnos hijos de los vencidos y no de los vencedores. Y poca gente revisa la doctrina: ¿astronomía maya? Predecían eclipses, pero los atribuían a que una gran serpiente devoraba al sol. No hubo explicación de la naturaleza por la naturaleza misma, base de toda ciencia. Los aztecas eran cazadores-recolectores en pleno 1300, etapa superada por mayas mil años antes y ocho mil antes por chinos. Buena parte de ese odioso adoctrinamiento viene de la época de Frida, en que los sindicatos y otras corporaciones integraron la demoledora maquinaria del gobierno y nos enseñaron asistencialismo, esto es que el gobierno, como la Divina Providencia de endenantes, proveerá a nuestras necesidades.

Y todo eso está destilado en el culto a Frida Kahlo, del que finalmente ella no es culpable: se limitó a pintar mal, autorretratarse obsesivamente y promover a las mexicanas peludas.

Luis González de Alba (1944) fue líder estudiantil en 1968. Es autor de Los días y los años (Era, 1971) y de numerosas novelas y obras de divulgación científica.

sábado, 19 de diciembre de 2009

EL PINTOR Y LAS NIÑAS



ENCONTRÉ LA PAGINA DE ESTE ARTISTA Y ME MARAVILLO SU TRABAJO, SOBRETODO ESTOS DOS RETRATOS... AH QUE MARAVILLA DE NIÑITAS... QUE DULCES, QUE PERVERSAS... Y EN MEGALIENZOS, CON SU PIEL DE ACRILICO...AQUI LA PAGINA DE CARLOS MURO PARA QUE SE CAGUEN EN LOS PANTALONES CON LO BIEN QUE PINTA, YA QUISIERAMOS MUCHOS ACERCARNOS UN POQUITO A ESTE ESPLENDOR, POR LO PRONTO A SEGUIR BABEANDO: www.carlosmuroaguado.com

martes, 1 de diciembre de 2009




FUMANDO UN TOQUE DE BUENAS NOCHES EN LA CASA DE LOS JHONSONS Y LOS MIERDAS: UN ACERCAMIENTO A LA OBRA DE WILLIAM S. BURROUGHS


¡Carne pa’ la picadora!,
sólo colocado se calma este dolor
que tanto agobia mi cuerpo terrenal
¡vida de superviviente y meterte algo decente!,
ahora me pongo con metadona
y cuando puedo de todo lo que hay,
eres muy libre si quieres confiar
sólo un amigo te puede traicionar,
la culpable de mi ruina es la sociedad
que cuando mejor estoy se acaba el material.
LA POLLA RECORDS.


PROLOGUITO INTRAVENOSO
El Ruso es un drogadicto que conocí en una época terremótica, en términos afectivos, y dolorosa, en términos físicos; me encontraba en proceso de recuperación de un tobillo con esguince que dolía en forma extrema, acentuado por querellas sentimentales del tipo no te vayas todavía.
Para mitigar el sufrimiento pasaba horas a la sombra de los edificios viejos, liando cigarros de verde alegría e ingiriendo elixires que canónigos apóstoles de la tranza, el hurto y el narcomenudeo disponían a los parroquianos más adeptos a esos terrenos de embriaguez sagrada.
En un festín de tópicas alucinaciones barbitúricas, como las que eran frecuentes, se presentó un enjuto personaje montado en una vagoneta pintada de infernal rojo carmesí, que a los dos vasos de matarratas decidió invitarnos a su casa.
El Ruso tenía una mansión: dos albercas, tres cocinas, cinco baños; me sorprendí de observarlo con la apariencia de un oficiante de la mezcla y el ladrillo rodeado de aquel lujo aristocrático. Incluso había un piano en la enorme sala, donde el Ruso hizo gala de su talento musical cuando interpretó el conocido “tata tata ta” e hizo la gracia de los invitados que no tardaron en festejarle tan suculento acorde.
Pero las virtudes artísticas del anfitrión nada interesarían de no ser por lo que se guardaba en el interior del instrumento, en la caja de cuerdas del piano el Ruso escondía quince cajas con dieciséis dosis de metadona y otras tres cajas con dosis de buprenorfina. Quienes hayan estado en una demostración de refractarios me entenderá, el vendedor nos mostraba la mercancía parloteando de sus virtudes, incluso dando unas muestras.
Busqué a un camarada, le mostré dos ampolletas que había conseguido la noche anterior y él hurtó a su hermana con diabetes dos jeringuillas para insulina. Él primero: colocó un cinturón en el brazo y se pinchó, luego yo, inexperto no encontraba la vena y me provoqué dos abscesos, luego con su ayuda logré meterme once mililitros de metadona. El efecto fue angelical, un alivio extremo, el estado de gracia absoluto, cuando la melancolía tuerce el brazo.
La mañana siguiente y todas las mañanas de quince días me desperté almorzando un chute y cenaba otro. Aunque me sentí enganchado sabía que la metadona es una sustancia que se utiliza para controlar la ansiedad cuando existe la adicción a la heroína o la morfina. Me olvidé del asunto apenas se me acabaron las ampolletas y volví al placentero churro con cerveza.
El relato de mis veleidades viciosas pretende mostrar en que forma el asunto de las drogas ha tomado una posición tan flexible en la existencia, la manera tan simple de caer enfermo, pero no del vicio de la propaganda oficial, aquel que “destruye a la sociedad” sino del desmantelamiento paradójico de casi el mismo mensaje: la sociedad que destruye.
Para que la droga entrara en mis venas fue necesario que el sistema operara efectivamente, pues la metadona es una sustancia de laboratorio, subsidiada su producción por empresas privadas u organismos de gobierno, fabricada específicamente para el alivio de dolores extremos, delirios esquizofrénicos, farmacodependencia. El acto en apariencia simple del embolo empujándola dentro del organismo es además una apología del dominio, la manipulación y la condición perene del ser humano de ser gobernador y gobernado, y de la lucha imposible, eterna, por que esto sea diferente.
Sobre el tema escribió de manera abundante William S. Burroughs, sus libros son una linterna entre la bruma, desenmascaran a los actantes del trafico, el consumo, la pesquisa, en el mundo de la adicción y cómo se construye un entarimado sobre nuestra existencia para hacernos participes de la gran teatralización del universo, que terminará por consumir incluso nuestros más vagos anhelos.
LIMPIÓN
Si algo podemos precisar acerca de lo natural en el hombre es su peculiar obsesión por dominar a los semejantes. Todos estos siglos de vida humana y al fina les aseguro que esta es la respuesta más evidente cuando ponemos los codos sobre la mesa; no hay sino poder en disputa, medios para conseguirlo y preservarlo, pero antes que nada ejecutarlo.
La competencia es el mal de nuestra especie, propició y alimentó a la hidra de las mil cabezas de la burocracia, ese monstruo al que acabamos cediendo el complejo de nuestra voluntad. Nada de grandes mitos ni pláticas con Juno, deja la inspiración y expira, estate ahí acobardado detrás del titulo de la universidad o el jornal de quince horas, no existe la culpa porque no existe el pecado, has nacido para darle dos brazos y piernas firmes, unos quince o veinte años, después el gobierno arrojara al suelo algunas migajas para que no jales del gatillo, ningún coordinador de pompas fúnebres querrá perder un cliente, ni la morgue, ni el seguro social, ni el proveedor de internet, aun si decides disparar sobre tu cabeza algún listo tendrá un buen negocio entre manos.
El resultado final de la representación celular completa es el cáncer. La democracia es cancerígena y su cáncer es la burocracia. Una oficina arraiga en un punto cualquiera del Estado, se vuelve maligna como la Brigada de Estupefacientes, y crece y crece reproduciéndose sin descanso hasta que, si es controlada o extirpada, asfixia a su huésped, ya que son organismos puramente parásitos. La burocracia es tan nefasta como el cáncer, supone desviar de la línea evolutiva de la humanidad sus inmensas posibilidades, su variedad, la acción espontanea e independiente y llevarla al parasitismo absoluto de un virus.
La literatura de William Seward Burroughs es una disección al mundo del poder corrompido y a los mecanismos por los cuales la humanidad ejerce sobre la existencia la autodepredación que le es usual desde sus días de andar en cuatro patas. El infortunio de la mayoría al pertenecer a los dominados por los dominantes, en casi todos los casos obtusas ratas criadas por el vano lujo del progreso; provoca que la vida sea una constante pelea donde se nace noqueado. En las novelas del autor estadounidense prevalece una frialdad antiromántica que parece decirnos: basta de ensoñaciones, esto es lo que hacen con nosotros y lo hacen con esto. Y William Lee se coloca un piquete de chiva .
Uno de estos mecanismos de control resalta en la obra de Burroughs: la droga, en especial las que llaman duras, sintéticos derivados del opio. El avatar inclemente de los estados para procurar que se propicie lo que el mismo escritor llamó “la histeria de las drogas”. Las sustancias no representaban un problema serio hasta que se promovió una guerra mundial contra ellas a principios del siglo pasado, cuando comenzaron las leyes prohibicionistas , creando un telón de ignorancia donde reina la estupidez, el abuso y la burla propias de una psicosis colectiva promovida por todas las instituciones y las empresas que conforman el asqueroso cuerpo fétido de lo que solemos nombrar sistema; porque sencillamente representa un gran negocio, un gran control.
Lo que produce la droga es un estado idóneo para desconectarse de la problemática del mundo, al conseguir que el sujeto se vea reducido a la necesidad de suministrarse una substancia; la fuerza, la creatividad, la vida se desploma, prisionero del placer, la maquinaría comienza la licuefacción:
Si todo placer es alivio de tensiones, la droga suministra un alivio de todo el proceso vital, al desconectar el hipotálamo, control de la lívido y la energía psíquica.
Parece más probable que la droga lo que hace es interrumpir todo el ciclo, tensión, descarga, descanso. El orgasmo no cumple función alguna para el adicto. El aburrimiento, que indica siempre una tensión no descargada, jamás afecta al adicto. Puede pasar ocho horas mirándose los zapatos. Sólo pasa a la acción cuando se vacía el reloj de arena de la droga.
FORJE USTED SEÑOR LEE
William Seward Burroughs nació en una familia aristocrática de empresarios estadounidenses en St. Louis, Missouri, en 1914. Estudió literatura inglesa en Harvard y un curso de medicina en Viena, además de otros estudios de antropología y psiquiatría.
Su bibliografía comienza con la publicación en 1953 de Yonqui una narración autobiográfica en el tiempo que pasó como adicto a la heroína, escrita en una tradición narrativa más tópica, casi realista, y publicada por primera vez en Paris. Le siguen El almuerzo desnudo (1959), la más celebrada de sus obras y a la que el otro escritor americano Jack Keorouac sugirió el titulo. El exterminador (1960), La trilogía Nova (1963-1970), entre otras, además de múltiples artículos para diversas publicaciones.
Prolífico artista gráfico, actor y amigo de músicos de rock avantgarde como Sonic Youth, Tom Waits, Pati Smith y Kurt Cobain con los que compartió el estudio de grabación dejando estupendas canciones donde resuena su voz de viejo adicto aguardentoso, The prest they called him con Cobain, The black raider con Waits.
Burroughs sufre el mal de las celebridades intelectuales, su vida ha sido enaltecida como leyenda hasta hacer borrosa su obra, hasta convertirse en el objeto de su crítica, un personaje manipulado para confeccionar un imaginario con destino a ser reprimido bajo una aparente libertad, una aparente oferta codificada y diseñada por la industria. La contracultura, el gusano en la manzana.
La adoración de los poetas Beat suele producir confusiones para quienes la taxonomía es un mal necesario y al no encontrar un calificativo más apropiado lo incluyen dentro de la corriente poética de San Francisco, comandada más bien por Allen Ginsberg, eso sí, amigo intimo de Lee y al que consideraba el mentor de dicho grupo. Jack Kerouac y Ginsberg lo encuentran como un viejo profesor en la universidad en 1944, la personalidad y la literatura del hombre mayor influencia a los jóvenes quienes además consiguen que se interese de nueva cuenta en la literatura, pues un par de años antes había perdido casi por completo el interés.
Burroughs es uno de los pensadores más serios en el tema de la adicción, junto a Thomas de Quincey , Jean Coteau o Charles Baudelaire, pero en él la droga no es un aliciente de la vida, no es escape ni confrontación, sino aniquilamiento, miseria, siete horas de mirar la punta de los zapatos para después salir a buscar otro fije. En los pasajes de sus novelas nos sentimos enfrentados a textos científicos, médicos y antropológicos mezclados con una prosa poética de imágenes condesadas, un novelista y un ratón de laboratorio que se ha inyectado unas dos mil veces y nos cuenta lo que ha pasado.
DESTÁPENSE CAGUAMAS
Es preciso que entendamos la diferencia sustancial, quiero decir de carácter, entre las drogas blandas y las duras. Las primeras son las naturales, el cannabis, el opio, el hash, los alucinógenos ceremoniales. Las segundas son las producidas por el hombre, principalmente la acetilmorfina, la cocaína y derivados del opio. Las primeras son adictivas en forma psicológica, existe una dependencia emocional a la sustancia, las otras causan adicción metabólica, el organismo depende al cien por ciento de la sustancia cuando se es un yonqui y la mayoría de las veces que un sujeto se pincha la vena se colgará del vicio, estará enfermo .
En 1927 en una asamblea de gobiernos (esos deslices traviesos donde los funcionarios gastan en contentillo romano el erario publico), con la finalidad de crear leyes que regularan el consumo y la venta de drogas, Estados Unidos de Norteamérica consiguió que la cannabis se convirtiera en droga ilegal , todo un despliegue mediático muy apoyado por el cine ha producido desde entonces un desprestigio malicioso sobre una de las más bondadosas sustancias. Anteponiendo el prejuicio y la ignorancia incluso ha conseguido una ridícula satanización de la mota que, al menos lo sabemos los consumidores habituales, procura más alivio que cualquier analgésico de Bayer, más alegría que una telecomedia y un alivio amable, dañina es verdad, pero no más que el puré de papas o la polución en los zapatos.
William Burroughs escribe acerca de la prohibición y los métodos esquivos con los que el estado norteamericano finge combatir un problema que ellos mismos alimentan: “recordemos el siglo XIX y principios del XX—los viejos buenos años—: nos evocan un afecto moderado con el opio, la cannabis, los solventes y la cocaína; eran vendidos a uno y otro lado del océano y Estados Unidos no se hundió por eso”.
Con la droga se obtiene un cordel extenso que une la infinita serie de personas-personajes que intervienen en todo momento de su presencia física, desde la producción hasta la vena; estas relaciones surgidas por la ilegalidad juegan también al lobo y la oveja, en estados corrompidos como a los que sobrevivimos, desde el adicto al consumidor casual han caído en la trampa, telaraña oficiosa donde: “El desvalimiento del adicto a la droga es un ejemplo de la libre empresa y sus efectos en un ámbito bastante amplio para incluir las incursiones predatorias de psiquiatras, cirujanos y financieros en la vida humana”.
En el mismo ensayo de revista antes citado, Burroughs divide a las personas en dos grupos: los mierdas y los Jhonson, los primeros carecen de asuntos y se ocupan de los de otros, chismosos, soplones y fanfarrones; los segundos tienen asuntos propios y se ocupan de ellos aunque están dispuestos a tender la mano. Para las sociedades en que nos movemos resulta más provechoso la propagación de los mierdas, una tierra de chismosos que sustente la estupidez de las guerras antinarcóticos, que dé enfermos a los psiquiatras y se construyan más centros de rehabilitación que hagan de consuelo en la gran representación que los manipuladores proyectan sobre todas las pantallas del mundo, donde acuosos ojos de bebés, que por desgracia han nacido humanos, tiemblan al contemplarse en esta cañería rota.
El yonqui es lascivo, perverso, porque el amor es la bandera de batalla de los gobiernos predadores, aniquilado por una chocante cursilería: “lo que llamamos amor es mayormente un fraude, una mescolanza de sexo y sentimentalismo que ha sido sistemáticamente degradada y vulgarizada por el virus del poder” . Sin amor y sin voluntad el adicto conserva su carne chupada con un par de dosis al día, siempre con vértigo de caer en la abstinencia y padecer el “algebra de la necesidad” porque el verdadero problema no es la droga sino su ausencia, entonces el organismo aúlla en retorcidos compases de intestinos, necesita la jeringa o necesita la muerte, lo que llegue primero; en el síndrome uno se gradúa de yonqui, uno se ve cara a cara con lo que busca, es la verdadera enfermedad de la droga.
A William S. Burroughs debieron darle incontables ataques de abstinencia, pues él mismo confiesa que padeció la enfermedad de la droga quince años, sólo suspendía por cortas temporadas el habito en las que lo combatía con otras drogas, probándolas todas (o las que existían hasta su muerte) y experimentó además muchísimos tratamientos de cura, de los que concluyó que ninguno de los métodos usados para el alivio o la deshabituación eran efectivos, sólo causaban mayor necesidad. Al prolongar el deseo de drogarse cuando un adicto es liberado de una “granja” sale como una gata en celo y enjaulada.
Debajo del yonqui un ser larvario excreta mucosidad, es el adicto que se arrastra, último de los reductos de la humanidad, introducido en un tiempo anormal, el tiempo de la droga:
Clarinetes vibrantes: dos porteadores negros introducen al hombre desnudo y lo dejan caer sobre el estrado con brutalidad animal, despectiva… El hombre se retuerce… Su carne se convierte en una jalea viscosa, transparente, que se va evaporando en una bruma verde, dejando al descubierto un monstruoso ciempiés negro.
FUMEMOS DESNUDOS
Eric Mottrand en una charla con William Burroughs para la BBC dice acerca del escritor: “Su agudo humor farsante opera contra los agentes del poder en el mundo adicto, contra abogados y jueces, financieros y sacerdotes, doctores y psiquiatras, para exponer la ridícula idea de una sociedad absolutamente libre” . Sobre esta farsa, una sátira más bien, se desenvuelve Bill Lee, el personaje-autor de Yonqui.
Lee es un hombre maduro pero joven que ha pasado por numerosos empleos, desde fumigador a militar, una tarde su amigo Bill Gaines le propone comercializar unas cuantas ampolletas de morfina, así comienza su adicción y un camino de resistencia y entrega, donde hace de traficante, enfermo, charlatán de farmacia, ladrón de borrachos, marica de cantina, prófugo.
Encontramos en Yonqui un informe detallado de los usos y las costumbres de la gente relacionada con la heroína en los años cincuenta en América; en la novela Lee viaja de Nueva York a Kansas, de ahí a México, donde consigue de inmediato heroína cortada que le compra a una vieja en la Merced llamada Dolores. Además se muestra entusiasmado porque en ese país se puede conseguir una receta de morfina expedida por el gobierno. Al término del libro asevera que emprenderá un viaje a Sudamérica, al Amazonas, en busca del Yague de los chamanes Chimús, una planta enredadera con poderosos efectos mentales, incluso telepáticos, muy parecido al Floripondio y al Toloache mexicanos.
Casi en labor de antropólogo Burroughs narra los diversos estados por los que transcurren cuerpo y conciencia del adicto:
Las sensaciones se agudizan, el adicto tiene conciencia del funcionamiento de sus viseras hasta un punto que resulta incómodo, el peristaltismo y las secreciones son incontrolables. Independientemente de su edad, el adicto que se está desintoxicando puede caer en los excesos de un niño o un adolescente.
William Lee despotrica contra el gobierno de los Estados Unidos y las amañadas leyes que promueve contra la droga; aunque la narración corresponde más al estilo clásico, una historia narrada de manera lineal con un principio y un fin específicos, contiene la desafiante ecuación poética de Burroughs, sátira hilarante, crítica enfadada, al final verdades incómodas pues termina por concluir: “Ninguna reflexión consiente acerca de las desventajas y horrores de la droga puede darte el impulso emocional para abandonarla. La decisión de dejar la droga es una decisión celular”.
El almuerzo desnudo es una obra más compleja tanto en su propuesta narrativa como en la mordaz crítica al sistema predatorio americano. Escrita en colaboración con el artista plástico Brion Gysin que había desarrollado una técnica de composición pictórica llamada cut-up, en la que intercambiaba grafismos, algo semejante al collage, Burroughs perfeccionó la técnica de Gysin y creo el Fold-in, él mismo explica el procedimiento:
Una página del texto, mío o ajeno, es doblada por en medio y situada en otra página, leyéndose entonces a través del texto compuesto, es decir la mitad de un texto y la mitad del otro. El método fold-in se extiende hasta escribir el flashback utilizado en las películas, permitiendo al escritor moverse hacia delante o hacia atrás en su pista temporal…
Con tal estructura la novela es un camino tortuoso en el que constantemente encontramos al aliento mordaz de la confusión, como un guardavías dormido, cuyo tren a vigilar se aproxima con luces hirientes de un amarillo casi plasmático, en orquestación de nuestro avanzar por la página apretada, con esos párrafos que son bloques, que son paredes. Porque la de Burroughs es una literatura de respuesta, de ataque, un singular alejamiento del espacio-tiempo coordinado, adecuado al sujeto: “Soy un aparato para grabar… No pretendo imponer “relato”, “argumento”, “continuidad”… En la medida en que consigo un registro directo de ciertas áreas del proceso psíquico, quizá desempeñe una función concreta… No pretendo entretener…”
Aunque bajo esa afirmación de no entretener nos entretiene, porque es en ese punto que la habilidad del narrador reluce; la pretensión de Burroughs era inventar una nueva mitología para la era espacial, donde el hombre aceptara el dolor de vivir: “les presento a mi obra maestra: El norteamericano desangustiado perfecto” . Conocemos ya la distopía Huxley , un mundo completamente feliz es un mundo rendido al dominio predatorio, al control totalitario, la humanización, es decir el apoderamiento fatal del universo.
En El almuerzo desnudo William Lee es un agente de Islam S.A, un corporativo burocrático que ejerce mano dura de oligarca sobre Interzone, el país que es todo el mundo, donde las razas de la tierra conviven entre la abundancia de aromas producto de un pesado humo que cubre todo el paisaje, una brisa oscura, mezcla de drogas quemadas, guisos, gases humanos y animales. En un ambiente muy parecido al mundo globalizado, un amasijo de gente medio muerta, atados a procesos jurídicos y maliciosos tratamientos experimentales de control en manos del pervertido Dr. Benway, el psiquiatra perverso que practica con la mente humana la automatización obediente a partir de la transfiguración del cuerpo, su anhelo es conseguir un cuerpo manejable al cien por ciento, al que pueda tasajear, hacer a su conveniencia:
—¿Sabe?-dice impulsivamente-, me parece que voy a volver a la cirugía tradicional de toda la vida. El cuerpo humano es de una ineficiencia escandalosa. En vez de tener una boca y un ano que se estropean. ¿por qué no tenemos un solo agujero para todo, para comer y para eliminar? Podríamos ocluir boca y nariz, rellenar el estómago y hacer un agujero para el aire directamente en los pulmones, que es donde debía haber estado desde el principio.
El cuerpo del adicto, al transformarse en masa para modelar, es un territorio proscrito donde la medicina busca la limitación, no la posibilidad, en donde las emociones son aniquiladas por la psiquiatría y la carne representa sólo aquello que nos da unidad, uno es su cuerpo. En Interzone el cuerpo humano es la batalla por el control, entre Licuefaccionistas, Emisores, Divisionistas y Factualistas, que se disputan la manipulación, reduciendo ante todo, primero que nada, la carne humana a la obediencia burocrática.
La homosexualidad en Interzone es norma, pues en un lugar en el que se ha roto con el matriarcado distributivo, el homosexual es contraindicación a los valores budinescos de la sociedad americana. Toda criatura terrestre asegura su existencia a partir de la formación de nuevas familias que mantienen la continuidad de la especie; en el hombre la cultura condiciona el comportamiento de dichos núcleos para los que la reproducción sexual es el punto medular de su permanencia. Al homosexual que detiene este ciclo se le achaca un padecimiento antinatural, se le relega como a un apestado enemigo de la especie.
—¿Los homosexuales están clasificados como pervertidos?
—No. Recuerde el archipiélago de Bismark. No hay homosexualidad declarada. Un estad-policía que funcione no necesita policía. A nadie se le ocurre que la homosexualidad sea una conducta concebible… En un matriarcado, la homosexualidad es un delito político. Ninguna sociedad tolera el rechazo declarado de sus principios fundamentales. Aquí no estamos en ningún matriarcado.
La sociedad americana deposita su funcionamiento en el estereotipo de la familia yanqui, con roles de comportamiento para cada miembro del grupo; el papá, la mamá, los hijos y los abuelos con los que invaden los aparatos de televisión, el cine, la historieta y todas las conocidas formas por las que el estado norteamericano lleva a cabo la americanización del mundo, con la que impone una conducta estándar y el abuso de instituciones a individuos es premisa para quien controla los poderes.
El libro El almuerzo desnudo es la cronología de la enfermedad de la droga, estructurado con técnicas que resultan de experimentar factores que organizan la percepción de un adicto a la heroína cuando está colocado. Además si consideramos el prólogo, el apéndice, y si se cuenta con la edición donde el autor añadió un apartado sobre las drogas que ayudan a curar el síndrome de abstinencia, tenemos un documento único en su especie, en demasía ejemplificador de las tretas de los gobiernos, de los efectos, de las maneras, de la perversión psiquiátrica, de la voraz locura del mundo, de la gran histeria de los drogas.
SACA LA BACHA
Según uno de los postulados de la filosofía pesimista de mediados del siglo XX, el hombre es un animal monstruoso capaz de ser consiente de su muerte, esta condición lo hace caducó y lo conduce sin más ni más a un enfrentamiento deprimente, por inútil, con las condiciones que lo hacen un ser humano. Su naturaleza egoísta ocasiona que no cese de inventarse un origen y un destino, por estos conceptos desarrolló su podredumbre máxima: las metrópolis, la civilización. Los hombres del progreso son maquinaria intercambiable de la industria, los deseos que promueven regulan las fatalidades del poder y su ejecución. Muestra del mundo burocrático, en el que sin embargo nos aferramos a prevalecer, y ejemplo de una de sus artimañas para reducirnos, incluso antes del nacimiento de nuevas generaciones, es la obra literaria de William S. Burroughs, no se espere encontrar en sus párrafos una pizca de ingenuidad, un indicio de subordinación, pues sus libros operan en el gran sistema como la punta de una lanza que se encaja en el cuerpo acecino de la existencia que hemos heredado, tan insulsas, tan repulsiva.
William S. Burroghs murió en 1997, después de mantenerse alejado de Estados Unidos a raíz de haber asesinado a su esposa accidentalmente mientras jugaban a Guillermo Tell y él falló el tiro dejándole a Joan Vollmer una bala clavada entre ceja y ceja. Vivió en París, México y Tanger, la ciudad marroqui que tomó como prototipo de Interzone.
Era aficionado a las armas, incluso ostentaba una colección numerosa. Su hijo murió en los noventa de un pasón, filmó junto a Brion Gysin algunos cortometrajes basados en el cut-up. En ellos aparecen escenas grabadas en Paris de él y Gysin mientras caminan, pintan, conversan, en una repetición exasperante repleta de sonidos y palabras. Directores de cine como David Cronemberg y Gus Van Sant han utilizado sus novelas como argumentos de película, incluso él mismo aparece en varios films de los años setenta, ochenta y noventa.
Habremos de apagar la bacha, quedémonos a oscuras en la casa de los Jhonson y los mierdas, pero cuidado con las ganas de ponerse un arregle, porque: “La indiferencia no es ninguna alternativa, sólo la franca insistencia en que el uso de las drogas no será tolerado”.

Óscar Édgar López.






BIBLIOGRÁFIA
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BURROUGHS, William, Yonqui, España, Anagrama, 1997.
BURROUGHS, William, MOTTRAND, Eric, Snack, España, Pre.textos, 1978.
BURROUGHS, William, Di no a la histeria de las drogas, en: revista Dosfilos, Zacatecas, México, Mayo-junio 1990, traducción de Pedro Moreno Salzar.
CIORAN, Emil, La caida en el tiempo, España, Tusquets, 1997.
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VARGAS, Hugo, Placeres y prohibiciones, www. Letraslibres.com, recuperado domingo 27 de Septiembre 2009.